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EDUCACIÓN ANARQUISTA ARGENTINA
Grupo de investigación de la Universidad Nacional de Rosario con sede en la Facultad de Psicología (Profesorado de Psicología, cátedra HISTORIA DE LA EDUCACIÓN)

09/02/2007 GMT 9

Suriano Introducción (3)

anarquismo @ 02:58

SURIANO, Juan (2004): Introducción, en: Anarquistas. Cultura y política libertaria en Buenos Aires 1890-1910, Bs.As.: Manantial, pp 15-32 (resumen J.C. Paradiso para uso de la cátedra), parte 3: pp 26-28

Parte 3: (pp 26-28)

(…)“El anarquismo se conformó como una protoizquierda en tanto anticipó e inauguró en algunos aspectos conjuntamente con el socialismo y un poco más tarde con el sindicalismo, muchas prácticas e ideas hasta entonces inexistentes en la Argentina, adoptadas luego por diversos sectores de la izquierda local hasta el presente: la noción de un mundo alternativo, las ideas de insurrección y rebelión social, la adhesión a ciertos ritos y símbolos característicos del mundo del trabajo (la bandera roja, el primero de mayo), la manifestación callejera, la difusión de prensa obrera y contestataria, las formas de compromiso militante, las movilizaciones por la libertad de los presos sociales (políticos) y las distintas formas de confrontación, e incluso negociación, con los grupos gobernantes. Igualmente poseían una combinación de racionalismo, moralismo y puritanismo que, en grados diversos, impregnaron a todos los sectores de la izquierda argentina, marxistas o no, desde el Partido Comunista hasta los Montoneros”.(26-27)
“En el caso de los Montoneros, existen al menos dos vinculaciones, por cierto indirectas, con el anarquismo: la interpelación al pueblo (los oprimidos) y el culto al heroísmo” (nota al final del texto, pag 31)
En el contexto de esta cultura de izquierda hay otra idea generalizada en la historiografía sobre el anarquismo: la tendencia a considerar el discurso libertario enfatizando la diferencia, autónomo y contracultural. Esto implicaría que el discurso anarquista postulaba un proyecto absolutamente diferente, incontaminado de los discursos circulantes. Esta manera de analizar el fenómeno se debe en cierta forma a la tendencia a percibir los sistemas de ideas en función de sus contenidos y su lógica inmanente, aislando el discurso de las condiciones sociales de producción.27
(Quiere decir, en realidad, que se analizaba el texto y no el discurso)
“Si bien es cierto que existía un espacio del campo cultural, político e ideológico de la sociedad porteña que escapaba relativamente del control hegemónico implementado por el Estado, no es menos cierto que (…) los mensajes ideológicos no deben ser analizados de manera aislada y perdiendo de vista quiénes son los sujetos que lo expresan, cuál es el contexto cultural y social en el que circulan, cuáles las formas de producción, emisión y recepción de los mensajes. Desde esta perspectiva se infieren no sólo la contaminación de los mensajes libertarios, sino también las influencias externas, los cruces filosóficos, las prácticas conjuntas con otros sectores (ideológicos y políticos).27
“El mensaje cultural libertario aunque unificado por su ideología no estaba exento de conflictos y contradicciones puesto que se conformaba con fragmentos seleccionados y acentuados de diversos significados. Es en este sentido que podría definírselo más que como autónomo o contracultural, como alternativo. Y allí están los discursos sobre la educación, el arte (teatro, pintura, literatura), el cuerpo y la enfermedad, la mujer, el matrimonio o la religión que no son privativos de ninguna manera sólo del anarquismo sino que se comparten espacios y zonas con socialistas, liberales, higienistas y hasta católicos sociales. Aunque las preocupaciones se orientaran hacia objetivos diferentes … los anarquistas no poseían un capital cultural incontaminado sino cruzado por influencias múltiples, mucho menos cerrado y aislado de lo que puede suponerse: desde el racionalismo a su opuesto, el emocionalismo (que convivían en tensión en el hombre anarquista); desde el concepto de familia hasta el rol asignado a la mujer; desde las influencias provenientes del romanticismo, el realismo y el naturalismo hasta el fuerte contenido moral de su cosmovisión social o, para concluir, desde el concepto de tiempo libre hasta el acendrado desprecio por la cultura popular.” 27-28 En estos temas los anarquistas no eran muy originales y reconocían diversas influencias.
(cf Dora Barrancos cultura socialista vs anarquista)
Pero esta nueva forma de mirar al anarquismo no debería hacer tabla rasa con las ópticas contraculturales. El anarquismo debería pensarse también en este aspecto como un complejo mosaico en el que se suman las contradicciones y oposiciones discursivas y conceptuales. ¿Cuántas fuerzas compartían la mirada libertaria sobre el Estado y la política, con sus posturas confrontacionistas? ¿No es esta resistencia a integrarse en el sistema político una de sus características distintivas por las cuales fue declarado el enemigo por los grupos gobernantes?
¿Cuál es el anarquismo verdadero? ¿Aquél en donde sus concepciones culturales se entrecruzan y confluyen con otros discursos o este otro más confrontacionista? … Un movimiento político, ideológico y cultural debe ser analizado en sus múltiples discursos, tanto como en sus diversas prácticas. Y en este sentido, si el anarquismo no parece haber constituido un movimiento contracultural en tanto su mensaje se hallaba penetrado de otros, sus prácticas políticas eran más subversivas de los valores corrientes y circulantes. De todas maneras, el calificativo de alternativo parece ser abarcador y explicativo para englobar el proyecto libertario, siempre y cuando no se separen la propuesta cultural de la político-ideológica, pues es en el conjunto de ambas dimensiones donde el anarquismo articuló su imagen de actor social radical.

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