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EDUCACIÓN ANARQUISTA ARGENTINA
Grupo de investigación de la Universidad Nacional de Rosario con sede en la Facultad de Psicología (Profesorado de Psicología, cátedra HISTORIA DE LA EDUCACIÓN)

06/02/2007 GMT 9

Suriano: Anarquistas (Introducc 15-22)

anarquismo @ 22:41

SURIANO, Juan (2004): Introducción, en: Anarquistas. Cultura y política libertaria en Buenos Aires 1890-1910, Bs.As.: Manantial, pp 15-32 (selección y resumen J.C. Paradiso para uso en investigación de la cátedra). (1º parte: pp 15-22)

Nota: Este material es sólo un fragmento del contenido del capítulo. No pretende reemplazar al libro, que constituye una excelente referencia para el estudio del anarquismo. Salvo cuando el texto está encomillado el mismo ha sido parafraseado por necesidades de la síntesis.
Los números entre paréntesis corresponden a las páginas del libro original de donde se extrajo el material.

En 1902 el senador Miguel Cané sostenía en el Congreso:
“Las circunstancias son graves: … lo que pasa en este momento en la capital … lo que amenaza suceder en el resto de la República. Este movimiento de huelga, sin duda promovido por agitadores que explotan la buena fe de los gremios trabajadores, tiende a tomar proporciones tan graves …”
La preocupación se relacionaba con las huelgas de 1901 y 1902 y la respuesta gubernamental consistente en el estado de sitio y la Ley de Residencia que el mismo Cané había redactado.
Los anarquistas habían desempeñado un rol importante y a ellos se refería Cané. Habían adquirido importancia desde fines de siglo, dirigiendo la Federación Obrera Argentina (FOA) (FORA desde 1905). Crearon una significativa cantidad de centros y círculos culturales en donde se dictaban conferencias, se interpretaban obras teatrales y se realizaban fiestas; editaron una multitud de periódicos, folletos, libros, etc., impulsaron las escuelas libres y racionales y actuaron en la organización territorial de los habitantes de casas de inquilinato. En las instituciones vinculadas directamente al anarquismo (círculos, prensa, escuelas) se definían las tácticas y estrategias políticas y culturales del movimiento.
El anarquismo fue más importante en aquellas áreas más dinámicas de la economía, como las grandes ciudades del Litoral, dotando a los trabajadores de una red de instituciones gremiales, políticas y culturales. Fue un fenómeno urbano. En Rosario ejercieron ‘enorme influencia’.17
En 1910 empieza la decadencia inexorable. El atractivo que el anarquismo podía ejercer entre los trabajadores fue captado por los sectores reformistas de los grupos gobernantes y actuó a la manera de un primer disparador de la preocupación estatal por la cuestión laboral. El anarquismo así contribuyó involuntariamente a impulsar el reformismo.
La puja entre la incipiente clase obrera con los patrones y el Estado fue muchas veces violenta. El festejo del Centenario puede percibirse, entre otras lecturas, como una batalla simbólica culminante encarada por los grupos dominantes en contra de los sectores políticos más radicalizados.18
El cónsul italiano en Bs.As. sostenía que en esas circunstancias el Partido Socialista no atraía a los trabajadores y prevalecían los ‘instintos de violencia y rebelión’ alimentados por el anarquismo:
“El anarquismo, cuya característica relevante era la acción y no la reflexión, se convirtió en un integrante sustancial de la cultura del conflicto y ocupó precisamente aquellas zonas en donde se hallaban ausentes el Estado u otro tipo de instituciones”.18

El peso alcanzado por los libertarios puede comprenderse si se tiene en cuenta en desarraigo, la explotación y marginación de los trabajadores, quienes contaban sólo con su capacidad de trabajo. La necesidad de un espacio de contención se llenaba, por una parte a través de gremios –para las reinvidicaciones económicas– y por otra parte a través de círculos y centros – para el encuentro y sociabilidad, como espacio de pertenencia y participación donde se perfilaba la acción colectiva. “Allí y en los momentos de conflicto se producía el punto de encuentro entre anarquistas y trabajadores y el discurso de aquellos podía aparecer como creíble para éstos. La aceptación de su proyecto entre los trabajadores era otro problema, pues el anrquismo encontró grandes dificultades para incluirlos de manera orgánica en el entramado de una cultura alternativa debido, centralmente, a las dificultades halladas en la construcción de un sistema eficiente de intercambios cimbólicos con los trabajadores. El anarquismo pretendía educarlos y concientizarlos para arribar a una indefinida emancipación universal, pero se encontraron con miles de oberros dispuestos a seguirlos y a luchar por mejoras que orientaban sus deseos y esfuerzos al ascenso social y al bienestar económico más que a la emancipación”. 19
La policía estimaba el número de anarquistas, en 1902, en 6000 en todo el país. Dos años más tarde se estima que sólo en Capital Federal hay 4.000 activistas.20
Los anarquistas ganaban las calles con sus banderas rojas y estandartes. En 1905 se prohibió el uso de la bandera roja, interpretada como sínbolo de guera y disociación, como parte de la política de exclusión con que el Estado responde a la posición anarquista.
A su vez, al final del período que estudiamos, la formulación de una política integradora por el Estado, la ampliación política y la aparición de tendencias como el sindicalismo que parecía interpretar mejor las necesidades de los trabajadores, comenzará a marcar una ruptura de éstos con el anarquismo.
El anarquismo local presenta un carácter dual que incluye al individualismo como al colectivismo (o comunismo) presentes en Europa. El movimiento anarquista en realidad comprendía un cúmulo de tendencias en un caos doctrinal (individualismo, comunismo, colectivismo, vitalismo). El eje integrador era la negación de la autoridad encarnada por el Estado, lo mismo que ha sido señalado para España.21
En Europa los sectores más individualistas se inclinaron a posturas terroristas, en Argentina los atentados fueron escasos. Los individualistas fueron superados por los organizadores y colectivistas, aunque tuvieron su influencia en diversos frentes – aún el gremial.
Este ‘rostro bifronte’ de los anarquistas permitía, en su momento, ofrecer alternativas que cubrían necesidades individuales (como la inmigración y el ascenso social) y demandas colectivas vinculadas a la sociabilidad (círculos, centros, gremios). No sin conflictos, individualismo y colectivismo confluyeron en un discurso que impugnaba al capitalismo desde una crítica moralista ycuya característica central era la heterodoxia clasista. Interpelaban a los oprimidos (los pobres y desposeídos) sin distinción de clases.
La veta colectivista otorgó impulso a sociedades de resistencia y círculos, mientras que la individualista dio un carácter insurreccionalista y una urgencia revolucionaria basada casi exclusivmente en la agitación y movilización, de modo que la acción directa fue casi un medio y un fin a la vez. Para ello, los anarquistas argentinos utilizaron una retórica combativa, a veces agresiva, y un arsenal simbólico (fiestas, banderas) que pretendía reforzar la construcción de una prouesta alternativa en lo cultural, político e ideológico (círculos, escuelas, prensa) que impugnaba al Estado y al Parlamento.
Estas característica dotaron al anarquismo de un perfil de defensa de los derechos individuales de todos los oprimidos. Pero hacia 1910 comenzaron a producirse mutaciones en el Estado y en la sociedad que se transformaban rápidamente, mientras que el anarquismo mantenía su discurso inalterable, quedando preisioneros de su apego a la acción y el desinterés por las peculiaridades locales.22

 (continúa en parte 2)

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