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EDUCACIÓN ANARQUISTA ARGENTINA
Grupo de investigación de la Universidad Nacional de Rosario con sede en la Facultad de Psicología (Profesorado de Psicología, cátedra HISTORIA DE LA EDUCACIÓN)

01/11/2006 GMT 9

Entrevista PAIDEIA

anarquismo @ 05:53

ESCUELA LIBRE PAIDEIA

(El material de este archivo se ha obtenido de una ‘entrevista’ on-line mantenida con Berta Moya Marco, ex alumna en prácticas del colectivo Paideia de Mérida, España, en diálogo con Analía Buzaglo, de nuestro grupo de investigación).

Fecha: entre marzo y octubre de 2006.

- DIFERENCIAS ENTRE LA ESCUELA OFICIAL Y PAIDEIA

AUTONOMÍA VS. DEPENDENCIA

En Paideia la forma de organización del curso escolar tiende a proporcionar a los/as niños/as una gran autonomía en sus vidas, tanto a nivel funcional y práctico como a nivel emocional. Esto se consigue educando en la toma de responsabilidades en cuanto a sus vidas se refiere. Por ejemplo, ya desde bien pequeños, 3 años, se establecen unos grupos de trabajo que se encargarán de poner el desayuno y fregar los vasos del mismo, eso si, teniendo en cuenta las posibilidades de los niños/as, no exigiéndoles cosas que no pueden hacer. También ya para esa edad hacen asambleas, dirigidas por una persona adulta, en las que empiezan a decidir acerca de lo que desean hacer y aprender en la escuela, comprometiéndose en los acuerdos tomados.

La autonomía en el desenvolvimiento personal, permite a los/as niños/as una mayor libertad. Entender la escuela como un lugar que es tuyo, requiere que lo cuides como tal y por eso también los niños participan de la limpieza del lugar y la elaboración de la comida de todos los días, organizándose en grupos de trabajo.

Desde el primer día de escuela la organización es asamblearia. Todos se reunen y deciden como va a ser el curso escolar. Con la ayuda de las personas adultas se organizan por grupos para llevar a cabo las diferentes tareas de mantenimiento y cuidado, así como las intelectuales.

La escuela es una comunidad en la que cada individuo tiene sus responsabilidades y derechos.

En la escuela oficial los/as niños/as son mandados y se los considera en muchas cosas incapaces, se les limita en sus acciones generando de esta manera personas dependientes y por lo tanto faltas de libertad. Constantemente los profesores deciden sobre los alumnos/as, no dejando que sean ellos los que tomen sus propias decisiones. Se establecen así roles de sometedores y sometidos.

CADA PERSONA TIENE DIFERENTES NECESIDADES Y RITMOS DE APRENDIZAJE

Algo muy importante de esta escuela es que se respeta el ritmo individual de cada niño/a. Todos no tienen porqué aprender lo mismo al mismo tiempo, aunque tengan la misma edad. Por ejemplo, el aprendizaje de la lectoescritura y del razonamiento lógico matemático lo trabajan con unos métodos diseñados por las educadoras del centro, que constan de unos cuadernillos que los niños van haciendo cada uno a su marcha, aunque después haya tareas grupales.

Esto se hace posible gracias a que ésta no es una escuela masificada, cosa que en la escuela oficial no ocurre. ¿Cómo va a poder un profesor/a tratar por individual a cada niño/a si tiene a su cargo a 25 ó 30?

LIBERTAD VS. IMPOSICIÓN

Sobre todo en los primeros años escolares los/as niños/as deciden lo que quieren aprender en las asambleas. Los educadores hacen propuestas a principio de trimestre de posibles talleres a impartir y también los/as niños/as expresan sus inquietudes acerca de lo que les gustaría aprender, de esta manera aprenden a amar el conocimiento y no a odiarlo. Algo muy diferente ocurre en la escuela oficial, donde el aprendizaje es un temario cerrado e impuesto, que muchas veces dista de los intereses reales de los niños/as.

LOS HORARIOS

La escuela es un lugar al que una/o va a una hora concreta y se va de allí de la misma forma. Paideia no es diferente en este sentido al resto. Los/as niños llegan allí a las 10 de la mañana y se van de allí a las 6 de la tarde, pero entre medias el horario es muchísimo más flexible, además de que todos/as participan de la distribución del tiempo para las diferentes tareas.

LOS EXÁMENES

En Paideia los exámenes no se consideran una manera eficaz de saber si los niños aprenden los conocimientos o no, además de que esta es una manera de generar competitividad entre las personas.

Las clases o grupos de niños/as no tienen porqué ser según la edad, los educadores valoran si es mejor que un niño/a esté en un grupo u otro, no sólo teniendo en cuenta su nivel intelectual sino también sus necesidades emocionales. Se atiende de una forma integral el desarrollo de la persona. Es decir, que uno no pasa de curso por haber superado unas pruebas de conocimiento teórico e intelectual.

Se trabaja mucho en grupo y se fomenta la solidaridad y el apoyo mutuo desde la experiencia real (la solidaridad no como idea sino como vivencia).

INVESTIGACIÓN VS. APRENDIZAJE MEMORÍSTICO

La forma en la que los niños aprenden es a través de la investigación que ellos mismos realizan dentro y fuera de la escuela. Esto es, no tienen unos libros de texto que aprenderse de memoria, sino un conocimiento que ir construyendo por ellos mismos. En lugar de un solo libro de texto tienen una biblioteca con un montón de libros en los que poder consultar sus dudas, además de personas adultas y otros compañeros que controlen más del tema a los que poderles preguntar.

Se pretende estimular la curiosidad de los niños no teniendo prisa en satisfacerla, poniendo a su alcance las cuestiones para que las resuelvan, intentando que no sepan algo porque se lo han dicho sino porque lo han comprendido por si mismos, intentando que descubran la ciencia, no que la aprendan. Lo importante en Paideia no es amueblar la inteligencia sino formarla a través de la experiencia, la vivencia y las relaciones con los

- IMPRESIONES PERSONALES

Mi presencia en Paideia fue como alumna en prácticas de Magisterio y estuve ahí durante cinco meses. Corría el año 2001 y yo tenía 22. Cinco años han pasado desde entonces. En aquel momento mi experiencia de vida era lógicamente menor a la actual y las impresiones que tuve estuvieron determinadas, también lógicamente, por mi momento madurativo. Voy a intentar ser lo más objetiva posible, pero siempre quedarán resquicios de emotividad por la vivencia personal.

Además, provengo de una familia ácrata, que han participado y participan activamente en el sindicato de la C.N.T. y han pretendido inculcarnos a mi y a mi hermano unas ideas y forma de vida próximas a la filosofía anarquista.

Cuento esto con la intención de centrar mi visión de la realidad no sólo por lo vivido en Paideia, sino también por la educación que recibí en mi infancia.

Voy a comenzar con los aspectos positivos que encontré.

Paideia es como una gran familia, una gran comunidad en la que cada cual sabe lo que tiene que hacer dentro de ella, cuáles son sus responsabilidades, lo cual le da a las personas la tranquilidad de poder desenvolverse libremente en ella. Cuando una llega allí puede encontrarse niños/as que están jugando en el jardín, niños/as que trabajan dentro en la cocina, niños/as que ojean unos libros, otros que escuchan música mientras hablan de sus cosas o hacen algún trabajo manual. Hay un ambiente distendido y agradable en general, aunque por supuesto siempre hay excepciones.

Para mí algo buenísimo de esta escuela es el hecho de que no se somete a los niños/as a la presión del examen y a la aburrida tarea de memorizar datos sin entenderlos, muy por el contrario, se les incentiva a descubrir por ellos mismos la realidad que les rodea, a cuestionarles más que a darles respuestas acabadas. Aunque también he de decir que esto no siempre es así, porque también para los educadores (adultos, como les llaman allí), es un gran esfuerzo esta manera de trabajar. Una cosa es la teoría y otra la práctica. En general, los seres humanos, llevamos muy bien la primera, pero la segunda nos cuesta un poco más, sobre todo a los que venimos del mal llamado mundo desarrollado. A este respecto, algo positivo de Paideia es que a través de la vivencia de las asambleas como medio para llegar a acuerdos y tomar decisiones, los niños/as aprenden la importancia del lenguaje escrito y hablado como medio de comunicación. Aprenden también que las cosas se pueden solucionar hablando y entre todos y todas, que su opinión se toma en cuenta. Aprenden a expresarse oyendo a otros/as expresarse y expresándose. Aprenden la importancia de escribir tomando actas, ya que esa actividad es rotativa. Aprenden a ser solidarios/as ayudando los grandes a los pequeños cuando estos lo precisan.

Pude presenciar unas cuantas asambleas generales, que se hacían todos los viernes por la mañana, en las que participaban todos los niños y niñas de 6 a 16 años y los/as adultos/as. Considero muy positivo el hecho de que también l@s niñ@s participen tomando decisiones y aportando opiniones acerca de sus vidas, y que se les tenga en cuenta tanto como a los mayores. Si queremos que en un futuro est@s niñ@s sean capaces de decidir por si mism@s y de forjar sus propias opiniones acerca de la realidad, tenemos que enseñarles desde el principio, o más bien, no censurarles desde el principio. La verdad es que mi memoria es bastante mala y me cuesta poner ejemplos, si consigo el trabajo que realicé de mi experiencia allí (que tiene mi tutora de prácticas todavía), os la haré llegar.

También es para mi interesante el tema de considerar la escuela como tu propia casa y cuidarla como tal, haciéndose responsables de ella: limpiándola, ordenándola, haciendo la comida, gestionando las cuentas de la compra, etc. Es esta una manera de aprender, no sólo a nivel personal sino también a nivel colectivo. Aprender a organizarse y a cooperar, algo de lo que la escuela oficial carece enormemente en general, aunque puede que exista alguna excepción.

Para mi es este uno de los males de la sociedad actual, que nos conforma como seres individualistas, programados para competir y no para compartir. En Paideia esto se tiene muy en cuenta, el bienestar grupal está por encima del capricho individual.

También la creatividad es algo que se potencia muchísimo, se deja fluir más bien, no se corta a l@s niñ@s las alas de la imaginación. Me sorprendió mucho ver las creaciones de los pequeñ@s, pues eran muy diferentes a las que vi en otras escuelas, donde l@s niñ@s aprenden a copiar modelos y dibujan, por ejemplo, el mismo tipo de casa. Aquí se palpaba mayor frescura e individualidad en las obras. Porque una cosa es cultivar el sentimiento de grupo, de solidaridad y apoyo mutuo, y otra generar alienación.

Bueno, creo que esbocé algunas ideas importantes, aunque seguro que me dejo mucho en el tintero. En realidad creo que lo que más va a serviros es mi visión crítica de la escuela, pues es peligroso dejarse llevar por la idealización y pensar que ahí tenemos la verdad, el conocimiento acabado y aplicable para toda la sociedad.

Aquí empieza pues mi crítica, espero que constructiva, de lo que es Paideia. Con mucho respeto hacia las personas que allí trabajan y el reconocimiento de que es gente enteramente dedicada a lo que hace, que pone mucho esfuerzo en el día a día, siendo su jornada laboral de casi doce horas de trabajo, de 10 de la mañana a 9 de la noche.

Para quien no conozca la historia de esta escuela le diré que proviene del sentimiento de frustración del trabajo de una maestra de escuela rural, que durante la transición política que se vivió en España después de la dictadura franquista, intentó cambiar las cosas desde la educación y le hicieron la vida imposible, ofuscando la posibilidad de cambio desde la escuela pública. Es así como nace la idea de llevar a cabo una experiencia privada, no porque se creyera en el elitismo, sino porque era la única manera que veían de hacer las cosas de manera diferente.

Se me ocurren algunas preguntas antes de empezar:

¿Es posible educar en libertad o educamos para la libertad?

¿Por qué educar en libertad y/o para la libertad?

¿Qué entendemos por libertad?

Responder a estas cuestiones es fundamental cuando la escuela que vamos a analizar se llama “Paideia: escuela libre”.

La libertad, es el poder de decidir por uno mismo lo que se desea hacer y pensar.

Libertad se opondría pues a la imposición de una manera de hacer y pensar las cosas. Hasta ahí vamos bien. Pero ¿es posible educar en libertad? Yo creo que no, pues el mero hecho de educar implica invariablemente la transmisión de una manera de funcionar, con todo su paquete de moralidad de lo que está bien y de lo que está mal.

Para mi no es ese un problema muy grave, dado que somos seres humanos y que aprendemos nuestra conducta a través de lo que vemos, escuchamos, conocemos,… creo complicado educar en libertad, pues de una manera u otra siempre censuraremos y potenciaremos unas partes del niñ@, las que nosotras creamos convenientes, según lo que consideremos que es mejor para el/la niño/a y la sociedad. También hay que tener en cuenta que no sólo existe lo que se transmite de forma consciente, está también toda la carga inconsciente que los adultos/as transmitimos a los niños/as, y que ellos/as absorben sin darse cuenta.

Yo creo que, por lo tanto, podemos educar para la libertad, pero no en libertad.

Entonces ¿por qué esa necesidad de educar para formar seres libres?

Aquí tendría que venir de nuevo la contextualización histórico-espacial de esta escuela: España después de una dictadura de casi 40 años. Pero aun diría más, la historia de la humanidad enmarcada en una organización meramente patriarcal, jerárquica y desigual, donde unos seres se encuentran por encima de otros y están en su derecho de ejercer la fuerza si es que estos últimos se niegan a hacer lo que los otros le imponen.

Dada esta situación social se hace necesario el repensar la escuela y buscar otras maneras de educar, por eso en Paideia se busca crear individuos libres de los constructos de la cultura imperante.

Para mi el problema de Paidea radica en pretender construir individuos según una moral anarquista, pues, aunque para mi esta filosofía de vida es la que más se acerca al ideal, a la utopía, no deja de ser un sistema ortodoxo que tiene más en cuenta las ideas que la realidad de las personas.

Puede que yo esté equivocada en cuanto a lo que es la anarquía, pero creo que en cuanto unas ideas se encierran, estas se empiezan a degenerar y a convertirse en dogmas de fe. Yo creo en la duda constante, y hasta de eso llego a dudar.

Otra cosa que encontré en Paideia y que no me gustó, fue la dureza con la que se trataba a algunos/as niños/as cuando se pretendía solucionar ciertos problemas. Para mi esta dureza viene derivada de la excesiva ortodoxia a la que hago referencia, aunque sea para defender unos valores muy loables, como la solidaridad, el apoyo mutuo y la autonomía del niño/a.

Para mi las personas somos puentes para las otras personas, es decir, que podemos ayudar a alguien a pasar de un lugar a otro, pero no deberíamos forzarle u obligarle a que haga algo. La experiencia personal es la única capaz de llevarnos al conocimiento, cualquiera que éste sea.

Y al escribir esto me doy cuenta de que yo también estoy siendo dogmática en mi visión de las cosas. Tal vez la verdad no puede escribirse porque no existe, porque no es una, porque lo que sirve para una situación concreta no tiene porqué servir para otra situación diferente. Tal vez la verdad sea como la utopía, un puntito en el horizonte que cuando te acercas un paso, se aleja un paso más allá. Por eso sería bueno que en lugar de pensar que tenemos la verdad, fuéramos más observadores y menos egocéntricos. Pero vivimos en una humanidad, que en su mayoría, está dirigida hacia el individualismo y el sálvese quien pueda, nos cuesta pensar en las demás personas porque tenemos una falta básica que viene desde el momento en el que nacemos, puede que incluso antes de nacer, y que se sigue reforzando con los años posteriores a nuestro nacimiento.

Jean Liedloff habla en su libro “El concepto del continuum. En busca del bienestar perdido” (Ed. OB STARE. 2003), de esta falta básica. Cuando llegamos al mundo dependemos de nuestra madre, o un sustituto de la misma, pues somos seres que todavía no podemos procurarnos el alimento ni las cosas básicas para sobrevivir. Estas cosas no son sólo las puramente materiales como el alimento o el abrigo, es también el contacto con la madre, sus brazos, y esa sensación de seguridad que de ella se deriva. Se ha demostrado que el/la niño/a ve su pulso acelerado al ser separado de la madre, que su temperatura corporal baja y que produce hormonas del estrés.

Si cuando somos bebés no son atendidas nuestras necesidades de seguridad y protección, vamos aprendiendo una manera de desenvolvernos en el mundo en la que es normal que suframos y no seamos felices. “La pérdida del esencial estado de bienestar que deberíamos de haber sentido en la época en que estábamos en brazos nos lleva a emprender búsquedas e intentar sustituirla con algo. La felicidad deja de ser el estado normal de estar vivo y se convierte en una meta” (del mismo libro).

Yo creo, como también esta autora y otras/os, que si la sociedad está como está, es en gran medida por lo que se queda en nuestra psique a fuego marcado desde la primera infancia.

Así, nos pasamos la vida buscando esos brazos que nos arropen, ya sea en forma de posesiones materiales, de otro ser que nos de seguridad, de drogas que calmen nuestras ansias o nos saquen de la realidad en la que vivimos.

Un ser es egoísta porque algo le falta, cuando ese algo ya es tan difícil de conseguir, no se colma con nada.

Por eso para mi es tan importante la afectividad, que no la ñoñería. Dar amor, comprensión, cariño, seguridad de que no se desprecia su persona, sino en todo caso una conducta determinada. Y volviendo a Paideia, no es que allí no fueran cariñosas, ni mucho menos (además de que eso también va con la persona, hay gente que lo es más que otra), pero yo si que sentí que se ponía por encima del bienestar individual el bienestar grupal, y para mí que si no hay bienestar individual no puede haberlo grupal. O nos salvamos todos/as o no se salva nadie, pues ese/a que se quedó resignado/a, si no lo hizo por su propia voluntad, seguramente guardará dentro de si el rencor y lo sacará en otro momento.

Una persona puede ceder en pro del beneficio grupal, pero esa será su libre elección.

Bueno, esto son ideas que voy esbozando, tal vez más para la reflexión que para dar sentencias.

Si os parece interesante lo que cuento del concepto de continuum, os recomiendo que leáis el libro, si es que no lo habéis leído ya.

No sé si hay marcha atrás una vez hemos perdido algo tan básico, pero si creo que podemos intentarlo en la medida que nos sea posible.

Hablando del concepto del continuum me he ido un poco del tema del que venía reflexionando, pero voy a intentar ir enlazando los conceptos.

La libertad en Paideia existe para algunas cosas y para otras no. Por ejemplo, los/as niños/as pueden elegir en una asamblea lo que desean aprender, pero una vez han adquirido el compromiso de aprender sobre ese tema y todos/as están de acuerdo, no son libres de romper ese compromiso (la verdad es que no se si esto es tan estricto, o ante una determinada situación concreta, el grupo sería capaz de entender que lo que a una persona , o a varias, en un momento le interesó, ya no le interesa más).

¿Quién establece las normas?¿son éstas necesarias dentro de una comunidad humana? ¿cómo establecerlas? ¿para qué? Son preguntas que me hago y que lanzo para el debate.

En Paideia hay normas, así que supongo que ellos/as si creen que son necesarias. Hay normas que las decide casi toda la comunidad al completo, pero hay otras que son decisión de los/as adultos/as únicamente. Por lo poco que conozco de ciertas comunidades indígenas, esto es algo bien habitual. Dado que los mayores son los que más experiencia y sabiduría tienen, son pues los que toman las grandes decisiones.

Yo creo que esto es cierto, pero sólo hasta el momento en que esta norma de que las decisiones importantes las toman los mayores, pueda también ser debatida y discutida si la circunstancia concreta lo requiere. A veces, los/as niños/as tienen ideas maravillosas debido a su frescura y menor cantidad de prejuicios y preconceptos de las cosas.

Las normas sociales pueden resultarnos de utilidad para la convivencia, pero para que no dejen en la cuneta a nadie, éstas deberían ser debatidas y asumidas por toda la comunidad de integrantes a las que afecta. Además, se hace necesario analizar las situaciones concretas enmarcadas en un contexto determinado, pues un hecho, por muy parecido que éste sea a otro, jamás será el mismo.

Muchas veces tenemos miedo a que las cosas se nos vayan de las manos y por eso creamos las normas. Tal vez las normas, hablando de una forma estricta, no serían necesarias si fuésemos capaces de actuar con respeto y amor hacia nosotras mismas y hacia las demás, si fuésemos conscientes de nuestra pertenencia al todo. Si fuésemos conscientes de que al dañar a otro/a nos dañamos a nosotras/os mismas/os de manera indirecta.

Podría rizar el rizo aún más y cuestionarme si dañar es necesariamente algo malo, ¿qué es dañar?. Y así, revisando los conceptos uno a uno, ir retomando el “poder “ de la palabra, y saber de lo que hablamos cuando hablamos. Las palabras son importantes cuando cobran un significado que es común y entendible para todos/as, sino corremos el riesgo de que sirvan para manipular o que nos lleven a conflictos por falta de entendimiento.

Lo que se me pedía era un análisis de mi experiencia en la escuela Paideia, y aquí estoy, haciendo una disertación filosófica acerca de la sociedad. Me excuso diciendo que no se puede hacer el análisis aislado de las cosas, que todo está relacionado.

Por si no quedó claro valoro la experiencia de Paideia como algo tremendamente positivo, sobre todo por el hecho de que es una gente que no ha tenido miedo a ir contra la corriente general, llevando a cabo de forma práctica una escuela diferente. Es importante divagar, pero para que se den cambios reales en la sociedad, hay que actuar. Sobre la realidad es sobre la que tenemos que intervenir.

Crear una escuela diferente es una manera de intervenir, pero no la única. Desde hace un tiempo vengo pensando en una forma coherente de educar. Para mí, sería sin escuelas, entendiendo la escuela como una institución formal, y entendiendo que también Paideia y otras escuelas alternativas son para mí escuelas formales.

La vida en su conjunto, todas las experiencias que tenemos desde que nacemos, nos van conformando. Encerrar el conocimiento en un lugar es desprestigiar el resto de aprendizajes.

Yo no soy primitivista, creo en el presente porque es lo único que verdaderamente poseo, y como parte de la vida que soy, creo en el cambio y la transformación constante, en el no aferrarse, en el no acomodarse. Sí creo en la vuelta a la naturaleza de la sociedad occidental, no como una vuelta al pasado, sino más bien como un redescubrimiento de nuestra pertenencia al todo en este momento presente. La vida es movimiento, constante búsqueda de estados de equilibrio.

¿Para qué una “educación”(en la escuela) para todos/as, si esta no es placentera y motivadora? Lo importante es que en el caso de que alguien quiera acceder a una información, pueda hacerlo.

Sé que a lo largo de mi discurso varias veces me he contradicho. Cuando una habla o escribe mucho es más fácil que se equivoque y se contradiga.

Es por eso, y no porque no tenga montones más de cuestionamientos en mi cabeza, que lo voy a dejar aquí. Además de porque como ya dije, para mí la verdad no existe como algo terminado, nadie puede poseerla, está ahí, como flotando, y cambia de forma al cabo del rato. Para eso es bonita la poesía, para hablar metafóricamente, para que cada cual la interprete a su manera.

Mi deseo es que al menos esto pueda servirle a alguien, a vosotros/as tal vez.

¿Es la libertad algo bueno?¿Es algo malo?

La libertad no es buena ni mala en si misma, la libertad es la

LibertaD.

Un abrazo grande

Comentarios

Un Comentario »

  1. Berta:
    Me parece que has realizado un análisis muy valioso.
    Profundizas no sólo en los hechos, sino también eres capaz de
    cuestionar tus propios pensamientos acerca de la experiencia.
    Tu aporte nos será de mucho valor.
    Ya lo es, a partir de que muchos pueden tener acceso a ello.
    Te felicito y, desde ya, intentaremos conseguir el libro
    que recomiendas.
    Jean Liedloff “El concepto del continuum.
    En busca del bienestar perdido” (Ed. OB STARE. 2003)
    Felicito a nuestra compañera Analía por este reportaje
    (Y me alegro por haber creado este blog que permite esto)
    Un beso
    Yoni

    Juan+Carlos Paradiso+Ferrero | 30-11-2006 - 04:44:35 GMT 9 #

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