Juan Lazarte: un rosarino
ABAD DE SANTILLÁN, Diego; INVALDI, Ángel & CAPPELLETTI, Ángel J.(1964): Juan Lazarte, militante social, médico, humanista, Rosario: Grupo Editor de Estudios Sociales (41 pág.) (FcC, orig. B. Ghiraldo) Resumen del texto y notas por Juan Carlos Paradiso (JCP)
Lazarte y su militancia social (Diego Abad de Santillán) pp 3-16
Juan Lazarte nació en Rosario en 1891. En su paso por la escuela primaria fue alumno de Julio R. Barcos, maestro, orador y escritor corondino, que alguna influencia debe haber ejercido sobre Lazarte.
Su ambición de saber se despertó tempranamente y aunque culminó la carrera de Medicina, podría haber sido en cualquier otra rama del saber. Fue un buscador, un explorador, un investigador insaciable. No un especialista.
Militante social, pero nunca llegó a encasillarse en un partido u organización. Si hubiese que definirlo en este concepto lo catalogaríamos en el marco de un socialismo libertario y humanista, pero no por doctrina, por adhesión a un catecismo, a un dogma, sino porque toda su conformación mental, su moral y su conducta apuntaban en ese sentido.
Aunque pasó por varias universidades en nuestro país y en EEUU, finalmente se graduó en Córdoba de médico. Un médico conocedor de la antropología, la paleontología, la sociología, que entendía que para curar la salud hay que abarcarlo todo.
Cuando EEUU entra en la I Guerra, regresa al país y estudiaría en Córdoba, cuando se estaba gestando la Reforma. Fue orador obligado del estudiantado en los centros obreros y en la plaza pública.
Fue poco después cuando entramos en relación cordial.
Aquí Abad cuenta cómo lo acompañó en muchos actos en los que Lazarte daba conferencias, que era incansable, sumamente estudioso y que tenía una biblioteca que era consulta obligada en muchos temas.
Estuvo siempre fuera de toda jaula, fue lo contrario de un hombre de secta o de iglesia. De convicciones firmes, no ponía sin embargo barreras ante el prójimo, religioso o laico, de derecha o izquierda.
Escribió sobre temas muy diversos, como la locura de la guerra.
El capitalismo fue engendrando en su propio seno los enemigos que habrían de poner término a su reinado. Por ej., robusteció el aparato de Estado, los mecanismos represivos de todo descontento, porque el Estado estaba a su servicio; Lazarte escribió ‘La crisis del capitalismo’ publicado en Barcelona en 1934. Propiamente el capitalismo ya no está bajo el control y dirección del capitalista, sino del Estado, de la burocracia, de técnicos y administradores expertos. Así como la aristocracia fue reemplazada por la burguesía, ésta es suplantada por los obreros, técnicos y empleados. La clase media es hoy más poderosa y de ella surgen el hombre de ciencia, el técnico, el especialista, el político, etc.
Hoy proponemos como solución racional y efectiva, el acuerdo y la solidaridad entre la ciencia y la técnica por un lado, y los obreros y campesinos por otro.
Un país rico es aquel que produce más, pero también que consume más.
Lazarte era federalista y, dentro del federalismo reivindicaba la autonomía comunal, la iniciativa de abajo arriba, partiendo del municipio. Coincidía en muchos aspectos con Lisandro de la Torre, del cual reunió en un volumen sus ideas.
El federalismo aún no halló la expresión correspondiente en la vida institucional del país. Ningún rey constitucional, en Gran Bretaña, escandinavia, o los Países Bajos tiene las atribuciones de un presidente argentino. Las autonomías provinciales son cosa del papel y las intervenciones federales son harto frecuentes.
Los problemas de la medicina social le preocupaban. La socialización de la Medicina y Problemas de Medicina Social son algunos de sus libros. Proclamaba que la medicina debe dirigirse más al hombre sano que al enfermo. Y que el cuidado de la salud es más barato (para el sistema y para el propio interesado JCP) que el cuidado de la enfermedad.
Sus pretensiones para la sociedad eran ambiciosas, tanto que en su momento eran peligrosas para el sistema. Hoy muchas se han incorporado, pero generalmente sólo en los discursos.
Lazarte y el gremialismo médico argentino Ángel Invaldi (pp 17-32)
Lazarte fue un idealista que no se apartó de la tierra, estando siempre en lucha. Siempre indulgente y tolerante, reaccionaba violentamente contra la injusticia y la opresión. Vivió con austeridad y sencillez.
Ubicado al lado del proletariado, el ideario de su vida fue que la cultura no fuera privilegio de una clase, sino que llegase hasta las masas. Y tenía pasión por la libertad.
Como profesor universitario mantuvo su línea de reformista auténtico, pero no se mezcló ‘en la politiquería universitaria’. Lazarte agregaba a la Universidad una función ‘americanista’ apuntando a que ‘la Universidad y los universitarios de responsabilidad, aún en las tormentas, deben ser pacifistas’.
Ejerció en la población rural de San Genaro, donde murió. Allí se dedicó al estudio de problemas económicos, sociales, políticos, médico-gremiales.
Sostenía que la salud no es un capital individual sino social. La nueva modalidad del trabajo médico, desde el sacerdocio a la práctica de comunidad y al trabajo colectivo, crea una nueva ética objetiva, científica, y también una nueva responsabilidad médica.
Lazarte organizó junto con otros colegas la Asociación Médica del Departamento San Jerónimo.
Casi simultáneamente los médicos de otras zonas se fueron organizando, como David Ostrowsky entre otros en Rosario. Así se reúnen y constituyen la Federación Médica de la Provincia de SF, que tuvo desde el comienzo un contenido social.
Esta federación realizó un Congreso Médico Gremial en julio de 1935. Lazarte fue su presidente; se estudió el problema de la economía médica y su quebranto, aconsejando formar asociaciones de médicos para la asistencia integral de los enfermos.
En Rosario, en 1936, hubo un Congreso Médico Gremial y Social, del cual Lazarte fue Secretario. Desde entonces se dedicó de lleno al gremialismo médico, siendo delegado en todos los congresos del país, presidiendo alguno de ellos. Era el alma de los mismos.
‘Los médicos se organizan en interés de la salud de la población, tras de sus aspiraciones gremiales y de sus derechos individuales y estos tres aspectos … están íntimamente ligados y no pueden separarse, son una unidad” (pag 25)
La forma más eficiente, ágil y significativa de organización es por lugares de trabajo, como son los comités o sociedades de hospitales y sus representaciones; por ser esto más natural y vivir unido a la marcha de la sanidad, es decir a su funcionamiento. Tendremos, pues, una estructura funcional”.
En ‘La socialización de la medicina’ expone que la socialización para que sea un servicio social debía realizarse con libertad, afirmando que siempre hemos de distinguir y no confundir medicina estatizada, donde los médicos son burócratas funcionarizados, de la medicina socializada, que es una organización de los gremios y donde los médicos son libres con las características aproximadas a las formas prácticas tradicionales, aunque se acepten todos los progresos y avances, tales como el trabajo por equipo, asistencia a los grupos de ingresos bajos, etc. Socializar la medicina significa ponerla en manos de los médicos y los profesionales afines organizados de acuerdo a las necesidades de la población.
Dejar la medicina a iniciativa total del Estado es incompatible con la libertad y convertiría al médico en un funcionario.
La lucha contra la funcionarización médica ha sido intensa en nuestro país, y Lazarte fue el paladín. “No es lo mismo ser burócrata que ser trabajador de un oficio, vocación o profesión”
Bregó contra el centralismo estatal en cuanto limitará las posibilidades de desarrollo de la profesión:
“es a nuestro gremio, formado por hombres de ciencia y experiencia, a quien corresponde marcar cuál es la meta más deseable … La funcionalización no conviene a los médicos, ni a la ciencia, ni al pueblo”
Si en el estado actual de la vida argentina no existen las condiciones para una verdadera socialización de la medicina, resulta posible un sistema de Seguro de salud aprobado por los gremios médicos.
Con la creación de los Colegios médicos de la Provincia de SF, fue elegido por los colegas del dep. San Jerónimo para su mesa directiva.
Cuando se intentó que los médicos se incorporaran a la CGP (Confederación General de Profesionales) luchó defendiendo nuestras instituciones gremiales, frente a este claro intento corporativista, creado para servir al régimen.
También formó parte del Consejo de la Confederación Médica de la Rep Arg. (COMRA). Fue director de la revista de la COMRA.
“La libertad para nosotros, los médicos, tiene dos significados igualmente hondos y notables: uno individual, que toca la médula de nuestra profesión e implica un hondo sentido de responsabilidad, y otro colectivo que nos involucra a todos como ciudadanos y hombres”
Juan Lazarte, un humanista Ángel J. Cappelletti (pag 33-41)
Lazarte gustaba definirse a sí mismo como un humanista. Tal autodefinición, necesita ser explicada.
Parafraseando a Cappelletti, el humanista no es un trascendentalista, espiritualista o religioso que ve en Dios el comienzo, el medio y el fin de todo, que está mirando y dependiendo de instituciones que dictan normas de fe y de vida. Tampoco es un naturalista que se disuelve en la materia que lo circunda. En su sentido esencial y prístino, ‘humanismo’ significa la actitud espiritual que constituye al hombre como centro y foco de la realidad.
Esto no obstante, toda la historia del humanismo ha presentado numerosísimas tentativas de sintetizar humanismo y religión por una parte, humanismo y naturalismo por otra. Hay así un humanismo cristiano y un humanismo marxista. Y entonces Lazarte qué tipo de humanista era? Lo explica Cappelletti a continuación.
Lazarte era por su formación, un biólogo. En la Universidad de la Plata y en el instituto del profesorado de Bs As estudió Ciencias Naturales. En EEUU completó estos estudios con el genetista Morgan. Más tarde completa Medicina en Córdoba y después la influencia de Georg Nicolai, fisiólogo ilustre, profesor de Córdoba y Rosario, termina de configurar su perfil (digamos su perfil técnico científico o académico JCP)
Jorge Nicolai es el autor de “Biología de la Guerra, Miseria de la Dialéctica” con una concepción estrictamente cientificista del mundo y la sociedad, con una confianza casi absoluta en la ciencia y sus métodos. Pero al mismo tiempo la consideración del carácter y los fines de la ciencia lo han llevado a pensar que ésta es una función humana y que no tiene otra meta más que el perfeccionamiento y progreso de la Humanidad.
De tal manera el naturalismo, como afirmación de que nada existe fuera de la naturaleza y por encima de la misma, se vincula al humanismo, en cuanto al conocimiento de la naturaleza se le asigna como fin único el servicio del hombre.
Y si a éste, desde el punto de vista teórico, no se le reconoce ninguna preeminencia esencial dentro del Universo, desde un punto de vista práctico se lo considera como el único beneficiario de la ciencia y como el fin último de toda actividad.
Se explican así los esfuerzos de Nicolai por aplicar al terreno de las ciencias sociales n sólo las conclusiones sino también los métodos de las ciencias físicas y biológicas. Lazarte compartió en lo esencial esta posición y esta actividad. (énfasis JCP) Su humanismo se vincula, pues, intrínsecamente a una concepción naturalista de la realidad y quiera basarse, en todo momento, sobre las ciencias físico-biológicas. Por eso, la cosmovisión implícita en sus escritos y en su vida, podría definirse como ‘humanismo’ en el mismo sentido que le da a esta palabra Corliss Lamont (cf. El humanismo como una filosofía)
Otras influencias en Lazarte la constituyeron los socialistas, especialmente libertarios.
El humanismo de Lazarte fue militante y no contemplativo. Su actuación universitaria se remonta a la época de la Reforma, no viendo en ella un movimiento meramente académico ni tampoco político, sino como parte de un impulso social que debía marchar íntimamente unido al movimiento proletario y el sindicalismo obrero, pero más allá de los partidos políticos y de los politburó. No cayó nunca en la ‘vacua retórica del reformismo como muchos otros’ pag 36
Luego se mantuvo alejado de la universidad hasta 1955, cuando se lo llamó como viejo militante a ocupar una cátedra en la facultad … de ciencias económicas, comerciales y políticas de la UNL
Lazarte no era un expositor brillante (parece que se contradice con Abad de Santillán) ni se puede decir que sus clases fueron ordenadas o ajustadas a las normas convencionales. Pero esto mismo era en buena parte producto de ese entusiasmo que es cualidad esencial del magisterio universitario y que suple con creces cualquier deficiencia formal.
Este ‘Eros pedagógico’ hizo de él un maestro auténtico. Más que distribuir información trataba de promover búsqueda y más que exponer doctrina trataba de que sus alumnos conquistaran pensando sus propias convicciones, sus alumnos lo recordarán siempre como uno de los pocos maestros cabales con que se hayan encontrado.
La ‘introducción a las ciencias políticas y sociales’ se convirtió con él en una asignatura abierta, a la cual el alumno podía acceder por vías muy diversas, en uso de una amplísima libertad.
Al llegar a una clase de Lazarte tanto podíamos oír al profesor recitando un soneto de Petrarca como a sus alumnos discutiendo sobre eugenesia, sindicalismo. Aunque este le restaba rigor académico ganaban en vitalidad.
Plantear problemas, despertar inquietudes, sembrar intereses eran lo sobjetivos fundamentales de aquellas clases. Lazarte no se cansaba nunca de recomendar lecturas, de encargar monografías, de suscitar discusiones, , de promover la investigación en lo posible.
Si su labor universitaria fue breve, su labor literaria fue constante y prolongada.
Entre los temas a los que más aportó estuvo la sexualidad.
Su antiestatismo de raíces proudhonianas lo llevó a luchar contra la burocracia (que consideraba consecuencia del estatismo) y a interesarse por la descentralización, por el federalismo y por el poder comunal, entendiendo la comuna como libre asociación de productores.
El imperialismo, en una escala más amplia por supuesto, era para él lo contrario del federalismo.
Combatió el racismo y la enseñanza religiosa en las escuelas.
Su estilo literario no era pulido, quizás por la urgencia de muchos de sus escritos, pero su conversación era a veces chispeante, por lo cual se puede decir de él lo mismo que Cicerón de su rival Hortensio: que hablaba mejor de lo que escribía.
En ese sentido Lazarte se alejaba de la imagen clásica del humanista de riguroso culto por el estilo. Pero admiraba y recitaba a los grandes poetas.
Su humanismo, arraigado en las ciencias naturales sabía encontrar en todas las formas de vida la progenie y parentela del hombre y en especial le hacía degustar la poesía acerca de la naturaleza.
Su casa, una suerte de chacra atestada de libros, era además un bestiario en donde además de acoger a numerosos hombres ilustres o comunes, cobijaba casi un zoológico de distintas especies animales.
Un buen lema para Lazarte hubiera sido el verso de Terencio:
Soy humano y nada de lo humano me es ajeno.
O un epitafio:
Amó los versos, la tierra, la libertad,
Fue amigo de las bestias y los libros
Supo andar y reír
Luchó por la justicia

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