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EDUCACIÓN ANARQUISTA ARGENTINA
Grupo de investigación de la Universidad Nacional de Rosario con sede en la Facultad de Psicología (Profesorado de Psicología, cátedra HISTORIA DE LA EDUCACIÓN)

Categoría: Abstracts

30/06/2009 GMT 9

Juan Lazarte: Socialización de la Medicina

anarquismo @ 13:08

LA SOCIALIZACIÓN DE LA MEDICINA

SEGÚN JUAN LAZARTE

LAZARTE, Juan (1934): Socialización de la medicina, Estructurando una nueva sanidad, Bs As: Ediciones Imán (96 pág.). Introducción, Recensión, Notas aclaratorias: Juan C. Paradiso. El texto generalmente no se ha transcripto en forma literal, sino parafraseado, salvo en los fragmentos que están entre comillas. Se han omitido muchos datos numéricos o estadísticos que sólo tienen interés en relación al momento en el cual fueron publicados.

 

El Dr. Juan Lazarte, nacido en Rosario en 1891, fue un reconocido médico rural, impulsor del gremialismo médico, militante social desde la Reforma Universitaria hasta su muerte en la década de 1960. Profesaba ideas libertarias, aunque por su amplitud preferiría la militancia gremial a la política. Fue también un cabal humanista, tanto por su ideología puesta sobre todo al servicio de la dignidad de la persona, como por sus inquietudes científicas y sociales, plasmadas además de su militancia, en numerosas obras que abarcaron los más variados campos del saber.

La obra “Socialización de la Medicina”, que debe estudiarse en el contexto en el cual fue producida, es también una forma de introducirnos en la ideología libertaria, profundizando en la conceptualización de ‘socialización’ que muestra nítidos contrastes con el pensamiento socialista, en particular con el arrollador sistema estalinista o bolchevique. Las propuestas de socialización de Lazarte deben considerarse a la luz de ese momento histórico, seguramente complementada con artículos posteriores del mismo autor.

Recordemos que, en 1934, el mundo capitalista atravesaba una profunda depresión económica y violentas convulsiones sociales, mientras en Rusia se estaba consolidando lo que para muchos era la forma posible de socialismo, al que se conocería como socialismo real, es decir la versión bolchevique centralizada y dogmática. A su vez, en algunos países europeos estaba esperando el fascismo, que se iría imponiendo en países como Italia, Alemania y España. Nuestro país estaba en plena década infame, con la población pauperizada y sin expresión política auténtica, debido al fraude patriótico. A pesar de que Lazarte hace referencia a la plena miseria de 1934, en algunos aspectos parecería inferirse que el autor no preveía que esta crisis sería transitoria y que luego la economía mundial se iría a recuperar. De allí que podamos calificar su posición como de cierto optimismo (¿inminencia?) en cuanto a la revolución social, que para Lazarte sería socialista, aunque no bolchevique.

Lazarte no emplea en este texto demasiados calificativos o nombres propios que permitan encasillar su propuesta dentro del anarquismo. Pero esas ideas están presentes a lo largo de toda la obra. Desde sus referentes teóricos hasta sus propuestas concretas tienen todas el matiz negro y rojo de las viejas banderas libertarias.

Esta obra llamará la atención por su optimismo. Pero quienes conocieron al autor, señalan que ese optimismo era su característica personal: en su trato cotidiano, en sus discursos, en su trabajo clínico o en el frente gremial. Para un militante social que anda con la revolución en la cabeza – y en la palabra y en la pluma – la inminente caída del capitalismo es una buena noticia, sobre todo si está convencido que después sobrevendrá un nuevo orden sobre el cual se podrán edificar los cimientos de una sociedad mucho más justa, más feliz, más igualitaria, más democrática. Esa sociedad que hará también que los propios médicos, ya en ese momento amenazados con la explotación o la desocupación, pueden ejercer su profesión de manera más libre, creativa, humana y solidaria.

Entonces Lazarte, desarrolla en su libro una nueva utopía. Lo hace con el tono de esperanza indeclinable en la marcha hacia ese sociedad más justa y por momentos sus palabras apuradas parecen apelotonarse en el texto, pugnando por salir algo desordenadamente, como sucede a los entusiastas que quieren compartir sus magníficas ideas con diversos interlocutores.

Claro que Lazarte no era un ‘pronosticador social’, en el sentido de anticiparse a tantos hechos relevantes que ocurrieron en el mundo desde la II Guerra Mundial en adelante. Nuestro autor conocería, aunque más tarde, el Estado de Bienestar, que surge para paliar la gran depresión de la década del 30’ y para reparar las consecuencias gravísimas de la guerra. No alcanzaría, sin embargo, a conocer el Neoliberalismo que desguazó al Estado de Bienestar y luego vendió o regaló sus restos como chatarra. Ni la caída del muro y del socialismo real. Ni el desamparo en que cayó la salud cuando se destruyeron los sistemas que habían construido los Estados tan trabajosamente.

El socialismo, mientras tanto, pasó por muchas experiencias a lo largo de todo el siglo XX. Inicialmente teñido por las ideas centralizadoras que el mismo Lazarte critica, parece haber recogido la influencia de pensadores como él. Es así que – en el campo de la salud, de la educación y de las ciencias sociales en general – ha ido pasando desde la planificación normativa central a la planificación estratégica, de la concentración de recursos en los grandes centros urbanos a la recuperación de los equipos de salud en pequeños centros de atención en los barrios y aldeas, de la idea de sistema a la idea de red.

Es claro que si hoy Lazarte viviera, podría decir: “¡¡Pero yo tuve esta idea antes!!” Y deberíamos reconocérselo.

Pero también es probable que si Lazarte viviera podríamos mostrar con algunos ejemplos, cómo a veces el Estado ha intervenido en favor de la igualdad cuando el otro gran regulador de la distribución económica – que es el mercado – favorece a unos pocos.

Desde un punto de vista de su ideología política es sugestivo que Lazarte se adelanta a Foucault, quien en su crítica de las instituciones hospitalarias y manicomiales.  

 

Si en el aspecto político Lazarte adopta un punto de vista Libertario, su gnoseología está teñida de naturalismo y probablemente del positivismo que era hegemónico en la ciencia de su época. En este sentido yo lo ubicaría muy próximo a las ideas del gran pensador norteamericano John Dewey, que defendía la doctrina del naturalismo empírico además de articular un sistema filosófico adecuado a las ideas evolutivas darvinianas. La posición de Lazarte no se resiente por las menciones que hace al psicoanálisis – entre cuyos autores cita a Freud al lado de Adler y Jung – pensando que éstos son deudores de la epistemología positivista del círculo de Viena. Lazarte mira con atención sus aportes, pero advierte acerca de sus ‘exageraciones’. En realidad Lazarte creía en la unidad de la ciencia, basada en el modelo y los métodos de las ciencias duras. Su propia formación como biólogo, que precede a sus estudios de Medicina, lo marcaría profundamente, a través de maestros de la talla del paleontólogo Florentino Ameghino, el fisiólogo Jorge Nicolai o del famoso genetista Morgan, con quien estudiara en los EEUU. Esa epistemología unicista, en la cual Lazarte depositada su fe y su optimismo, inspira su propuesta de una ciencia de la sociedad y de la organización de la atención de la salud. Esta ciencia, sin duda, era la sociología. Pienso que las referencias a la Teoría de la Relatividad, a la ‘incertidumbre’ y al Psicoanálisis, que aparecen al final de la obra, no alcanzaban a impactar todavía en su posición epistemológica.

En realidad, estas referencias, que realiza en el penúltimo capítulo, parecen dirigidas a negarle status científico al determinismo y al materialismo. Esto le da argumentos para distanciarse políticamente del materialismo histórico y en la práctica médica del reduccionismo mecanicista. Lazarte dirá que en esta crisis científica, de verdadera renovación de valores, hay dos aspectos fundamentales:

(1) un contraste entre el materialismo histórico y la nueva dirección de las ciencias del pensar psicológico de la medicina. Prácticamente, el materialismo, en todos sus más variados aspectos y consecuencias, ha muerto. Hay un nuevo idealismo en ciernes que terminará con la valoración exclusiva de los datos materiales (incluso en la medicina) donde avanza otra en concomitancia con los progresos de las ciencias naturales. Es un proceso semejante al experimentado por la filosofía griega, que evoluciona desde un sistema materialista y determinista hacia un nuevo idealismo.

 

(2) El resurgir de fuertes aspectos individualistas en los psicólogos arriba enunciados, junto al resurgir de otros aspectos de la ciencia que tocan directamente la composición de las grandes masas. Estas ideas de jerarquización del individuo y del valor de lo social, el libre albedrío y lo hereditario o predeterminado, son consideradas como partes inseparables en la amalgama que establece Lazarte apoyado en diferentes disciplinas.

Como lo hace notar Cappelletti, Lazarte era un Humanista, en el sentido de alguien que tiene la mirada y la preocupación constante en el ser humano y en la sociedad, vinculado a una concepción naturalista de la realidad basada sobre las ciencias físico-biológicas. De tal manera el naturalismo, como afirmación de que nada existe fuera de la naturaleza y por encima de la misma, se vincula al humanismo, en cuanto al conocimiento de la naturaleza se le asigna como fin único el servicio del hombre. (A. Cappelletti, 1964)

Dada la vastedad de la obra de Lazarte, quiero aclarar que estas notas introductorias solamente se refieren al libro que estoy comentando y del cual efectúo esta recensión.        

El libro contiene un prólogo anónimo de la editorial, donde califica al texto como un ‘trabajo de divulgación’ término que aplicamos habitualmente a un material destinado al gran público y no especialmente a los científicos. Ello puede explicar el estilo general del trabajo.   

 

Socialización de la medicina. Estructurando una nueva sanidad

La necesidad de socialización de la medicina surge de varios factores, siendo el primero de ellos la crisis económica (la economía capitalista ha ahogado a la vieja medicina). La decadencia económica del antigua medicina tiene una determinante, que va unida a la crisis, que yo llamaría final, del capitalismo. En este momento, la clase media sufre un hondo proceso de empobrecimiento. Las profesiones liberales, el pequeño comercio y la pequeña propiedad forman el substratum de esa clase, la clase media, que se ha empobrecido de 1929 a 1934 más de 50%.

El médico es parte de esa clase media. Su forma de trabajo parece independiente, pero ello es un error. La Universidad contribuye a esta ilusión de independencia por su forma educacional, pues ella ha permanecido impermeable a los tiempos.

 

Dependencia económica de los médicos

En la campaña el médico depende, en la mayoría de los pequeños pueblos, de las compañías de seguros, que cada vez lo explotan más y van disminuyendo sus aranceles, a los que los médicos responden con asociaciones o gremios, para luchar contra estos elementos extraños que el capitalismo comercial ha situado entre el médico y el enfermo, pero que no desaparecerán todavía por mucho tiempo …

En la zona agraria, dependen los médicos de una clase de chacareros arrendatarios o de una minoría de propietarios y grandes comerciantes. Finalmente, tenemos la población constituida por el peón de campo, que no tiene nada y no puede pagar por su atención.

En la ciudad, el 13 % son ricos y pueden pagar a sus médicos y cirujanos. Otros pueden pagar sumas menores y muchos sólo se atienden en servicios gratuitos. Incluso están quienes ni siquiera concurren a atenderse aún estando enfermos, pues carecen de toda clase de medios.

El 40% de la población total de Argentina es una clientela exclusiva de hospital, un 30% tiene capacidad limitada, quedando solamente 30% de población pudiente, que son los que pueden concurrir al médico individualista y constituyen su base.

Pero los sectores pudientes se atienden con un sector de médicos, un sector bastante exclusivo, lo cual crea grandes desigualdades al interior de la profesión.

Y en medio de la crisis, las universidades producen más médicos. La población del país en 1934 es poco más de 12 millones de habitantes.

 

Las bases ideológicas

La transformación de nuestra conciencia ha requerido un cambio en la ideología fundamental de una época. Las ideas eminentemente burguesas no pueden cimentar nada mejor que lo que existe. Son las nuevas corrientes del verdadero socialismo que desean extender el área de lo bueno.

La medicina no debe ser un patrimonio privado, sino público. Un servicio social. No es el hombre aislado quien debe remunerar al médico sino la sociedad.

La medicina ha de extenderse, como un servicio público a la comunidad. No caben privilegios; todo el mundo hará uso en condiciones parejas de sus servicios.

Las únicas bases viables en el terreno de las ideas que no encierran contradicción son las ideas de comunidad junto a las de libertad. Libertad que quiere decir negación de toda dictadura, ya sea de clase o de Estado.

 

Las Bases económicas

En nuestra sociedad actual, la base económica de la medicina es individual: uno, el médico, que cobra y otro, el enfermo, que paga. La unión está establecida por la enfermedad. La sociedad no aparece para nada, ni tiene interés en ninguna de las dos unidades del binomio.

La medicina privada tiene porvenir sombrío. Va tomando impulso otra medicina que tiende a las formas de la socialización: cajas de ahorro, sociedades de socorros mutuos, seguros sociales. Además está la corriente estatal, que nosotros llamaríamos la ‘medicina oficial del Estado burgués’.

En esta fase el médico y el enfermo sufren igualmente una explotación doble: los servicios médicos son pobres e insuficientes, sea por incapacidad del Estado o por su propia finalidad.

El Estado actual no puede dar a la medicina, como a la ciencia en general, más que una parte de cuanto se necesita y le corresponde, obligado a ello por su desorganización y su despilfarro.

Sólo sobre la amplia base económica de una sociedad socialista puede asentarse una gran ciencia y una gran medicina.

 

La organización del trabajo colectivo

La medicina individualista ni siquiera pudo organizar medianamente el trabajo individual.

La vieja medicina se ocupaba del individuo, la nueva se encargará del individuo y de la colectividad. Es un error separar los dos términos: un individuo aislado o una sociedad donde no cuente lo individual. Pueden anteponerse los intereses sociales a los intereses individuales, pero no al individuo como ser o persona. La medicina de masas es también una medicina individual ¿a quién operará un cirujano sino a un individuo?

El trabajo individualista se hizo caprichoso, desparejo, desordenado, con numerosas repeticiones y consiguiente pérdida de energía social, económica y mental.

La socialización plantea otra organización del trabajo. El médico trabaja en relación y conexión, tanto por el avance social y por la evolución de la técnica organiza su trabajo en forma colectiva.

La organización colectiva permite conocer la complejidad de los problemas, abarcarlo desde ciencias diferentes (desde la antropología al psicoanálisis).

Tal armonización se establece por la estructura unitaria de la ciencia. A este trabajo le corresponde una economía de base colectiva.

“La colaboración íntima de todas las ciencias, sólo se puede conseguir merced a la socialización de la medicina y de las ciencias, en términos generales”

 

Nota: Si por un lado Lazarte reconoce la posibilidad de aportes de PsA, por otra parte piensa en una ciencia unificada. Estos párrafos merecen un comentario más extenso. Además, el propio Lazarte, casi al final del trabajo retoma el tema del Psicoanálisis (pág 92) donde lo usará para oponerlo al materialismo o quizás para poner límites al realismo. El autor no desarrolla suficientemente su posición epistemológica o gnoseológica tanto como lo hace con su propuesta social, de manera que algunas de sus ideas deben ser inferidas (JCP)

 

Las bases científicas

Las bases científicas se hallan en el desarrollo de las distintas ciencias que componen la medicina, que es también un arte.

 

Nota: También es llamativo un comentario elogioso que hace de un libro de Lelio Zeno acerca de la medicina en Rusia, que como sabemos tiene un sistema socializado pero estatal.

 

Los ensayos particulares

En América hay muchas experiencias prometedoras, magníficas empresas donde hay colaboración. Un ejemplo es la Clínica de los hermanos Mayo. Las experiencias particulares llenaron una época, pero no encuadran en la época de lo social, en cuanto se refiere al conjunto social. Las razones que cita Lazarte son económicas.

 

Evolución y marcha del Público

La tendencia sería que los enfermos empiecen a atenderse más en los hospitales, abandonando los consultorios privados. El Hospital Español de Rosario en 1934 llegará en el año a atender 180.000 consultas en sus consultorios externos. Las masas se orientan hacia las instituciones colectivas, que pueden dar un servicio más barato y mejor.

La evolución indica que los hospitales están en manos particulares sólo de manera transitoria, marchando hacia una integración colectiva, donde el servicio médico deberá llegar a ser gratuito. Estos cambios deben acompañarse de cambios en la organización de los médicos.

 

Nota: Estas palabras de Lazarte resultan premonitorias. Hoy el Hospital Español de Rosario está gestionado por la AMR (Asociación Médica de Rosario) que representa a todos los médicos de la ciudad.

 

El Congreso médico de Santa Fe de 1934 decía que ‘la medicina, en la organización de todos sus aspectos, debe pasar a manos de los médicos”

El proletariado y la clase media se orientan hacia agrupaciones colectivas, como el hospital, sociedades de socorros, mutualidades. Esto por razones económicas, pero también por instinto gregario. La evolución de la mentalidad humana en estos tiempos de violencia y agresión es hacia una nueva solidaridad, en el dolor principalmente. Aquí se inscriben las instituciones nuevas como maternidades o clínicas hospitalarias.

El público, en general la clientela, se dirigirá a los hospitales. Distingue los hospitales públicos de los privados. Y afirma que en “los hospitales públicos, bajo el control del Estado, los servicios son cada vez más malos por descuido, carencia de material, abandono burocrático. La mayoría de los hospitales privados o de sociedades de beneficencia explotan en más o en menos al enfermo bajo el rubro de la caridad. Aquí constatamos que el Estado, una vez más, desnaturaliza una corriente que ha de triunfar y que es de renovación en las masas.”

 

Lazarte dedica varios párrafos al trabajo ad honorem que era frecuente en los hospitales del Estado:

El Estado explota a los médicos. No pueden los médicos prestar servicios gratuitos a las instituciones oficiales. Nuestra ayuda nos hace cómplice de los despilfarros del Estado.

Se pregunta si se debería gastar en armamentos o continuar subsidiando a la Iglesia ‘por un servicio dudoso’.

“Cobra el empleado y el banquero, el general y el fraile; ahora quieren que él (médico) no cobre.”

Si el médico va perdiendo sus privilegios, es lógico que vaya conquistando sus derechos. Ni privilegiado ni explotado. Es por esto que combatimos la explotación por compañías de capitales, en general imperialistas, las damas de beneficencia y caridad, los municipios y otras instituciones que con el capítulo de beneficencia se benefician ellos.

Costo y remuneración de la Carrera de Médico

Los estudios en la Argentina, como en España, son los más largos y costosos. Analiza detalladamente los costos para el estudiante y para el médico que debe instalarse, así como las diferencias grandes en las remuneraciones entre distintos profesionales médicos.

Como ejemplo de la pauperización que ya empezaba a hacerse notar en la Argentina, Lazarte cita el caso de un médico que publicó en los diarios de la Capital una solicitud al jefe de policía solicitando ser admitido como vigilante. Se le ofertó una de escribiente. Y no fue un hecho aislado. También cita abogados que manejan colectivos, ingenieros que trabajan como albañiles, contadores como peones, docentes que se desempeñan como porteros en las escuelas.

 

La evolución técnica de la medicina

Hoy el médico ya no es uno en la atención del paciente, sino un equipo, un delicado engranaje. Unido a eso, las especialidades son la tendencia actual, en lenguaje industrial constituyen la división del trabajo.

Si es verdad que la división del trabajo es la tendencia, la medicina se concentra, para hacer posible aquella división. La concentración médica en la sociedad capitalista ha seguido el mismo camino y ritmo que el capital. La concentración en ciertas áreas, ha provocado como contrapartida la deserción en otras.

La evolución técnica de la medicina y la concentración de capitales, ambos factores asociados, requieren de un enorme gasto que la vieja medicina no renecesitaba. A esos gastos no puede asumirlos el sector privado ni el Estado que sirve a esos mismos intereses. Sólo una colectividad social de productores puede sostener esos gastos. “Sólo la riqueza organizada y socializada” puede lograrlo. Una medicina social para una sociedad socialista.

 

El problema médico social

En un terreno eminentemente burgués se habla de la superabundancia o plétora de médicos. El fenómeno es que el capitalismo ha llevado a los médicos a la proletarización. El gran capitalismo quiere hacernos esclavos asalariados que se inclinen ante su poder. Pero la plétora ocurre sólo en ciertas zonas. Lo que hay es desorganización.

La deserción de los pacientes de los consultorios privados hacia los hospitales, mutuales, seguros, etc. ha producido la paradoja que en economía se llama maldición de la abundancia, con la coexistencia de médicos inactivos con gran cantidad de enfermos que no pueden utilizarlos.

Conste que hablamos como situados en el plano de la vieja organización capitalista; pero si entramos en un principio de lo que puede ser la nueva medicina, vemos que no sólo el número actual de médicos es insuficiente, sino que urgentemente tendríamos que improvisar cientos, aún con los estudiantes de los primeros años.

La consideración de extender al médico, del mundo de los enfermos a toda la sociedad, nos hace pensar en una importancia de la nueva medicina y un aumento incalculable del número de profesionales.

Luego Lazarte se refiere a la admisión y egreso de profesionales desde las facultades de Medicina. Sostiene que ahora “los médicos salen ‘en hornada’ porque sí, al azar …. En los tiempos por venir, institutos especializados calcularán los médicos necesarios y los lugares de mejor ubicación.

“Los hombres tendremos una visión exacta del porvenir. De aquí que sea vano tratar en esta sociedad el problema del  número de estudiantes, de la cantidad de egresados y de su limitación. La limitación no puede surgir en este momento presente, en el cual todos tienden a enriquecerse y hacen cuanto se les da la gana. Es un grave error, un no sentido que tiende a conservar privilegios y que daña al mismo tiempo muchos intereses respetables, desde el punto de vista burgués” (pag 37)

 

La liberación del médico socializado

“Pensamos que en el inmediato porvenir todos seremos libres. Esto también dependerá del camino a elegir. El sino del médico es vivir unido a la sociedad que lo engendra, por eso sólo puede ser libre en una colectividad en libertad.”

En la Antigua Roma fue un esclavo unido a los señores, en el mejor de los casos, un liberto. En los días que corren depende del capitalismo. Vive unido al dinero. De dos maneras se esclaviza: cuando depende del capitalismo y cuando depende del azar o del Estado.

Lo primero que reclama es una jurisdicción sobre sus asuntos. La medicina debe estar, y estará, en manos de los médicos. Para que esté en manos de los médicos y aprendices (estudiantes, etc.) es necesario que los médicos se asocien. Las asociaciones hasta ahora han sido defensivas (sindicatos, cooperativas, etc.) que fueron beneficiosas, pero se necesita algo más: la integración de los médicos a los centros económicos productivos y funcionales, una unión no defensiva sino asociación creadora.

La paradoja de la medicina está en que al médico se lo obliga a vivir de la enfermedad, mientras que la sociedad pretende que no haya enfermos. Esto sólo tiene salida en la ética profesional, sin confiar en la coerción ni en la legislación. Lo que se requiere es un cambio en la orientación social, por el cual la dirección de la labor social sea no el individuo sino la colectividad y la intervención de los médicos en sus problemas. De estos dos factores nacen los fundamentos de la liberación profesional. Por el primero el médico está integrado a la vida colectiva, por el segundo al vasto campo profesional pensado en términos amplios, de región e interregional.

 

El médico en su ambiente biológico y social

Si el médico vive del enfermo, tratará como es muy humano, de que haya enfermos, como aquellos cazadores de lobos a quienes se paga por exterminarlos y que no lo hacen porque perderían su pan.

El médico que se avecina va a vivir honradamente de su labor, del trabajo de la colectividad, porque es parte de ella.; vivirá de la producción general. Se eleva desde el aspecto individual al más amplio de solidaridad y colaboración social, dignificando la profesión.

 

Desaparición de la explotación comercial

El hecho de que la medicina sea un negocio en su faz económica es un peligro para la salud pública. Pero en una sociedad comercial, la base comercial no puede discutirse.

La explotación comercial desnaturaliza la naturaleza misma de las ciencias. La explotación o trueque comercial daña la moral y el mismo espíritu de la ciencia. Pensemos en lo que sucede con los medicamentos.

 

 

Los médicos y el Estado

Hoy padecemos la explotación de los médicos por el Estado burgués. Pero tampoco puede confiarse en otro tipo de Estado, se llame proletario, de partido o fascista. La medicina estatal es completamente diferente a la medicina social. Uno de los peligros, sobre todo en el caso de la medicina estatal, es que en su desarrollo no quiere encontrar límites, y quiere hacer cualquier cosa obligatoria: las vacunas (como la antivariólica y otras) y otras cosas que quiere hacer obligatoria y que son una coerción funesta. Hay una infiltración del sentido de autoridad, y esto es contagio del Estado y la dictadura que va contra toda la libertad de los individuos, en el sistema total de opresión. Los hospitales, los asilos, los sanatorios, tienden a hacerse de un tipo militar, en el cual el enfermo pierda todos sus derechos. Hay colonias de leprosos que equivalen al presidio de Ushuaia.

La socialización de la medicina la sacará de este error, libertándola. El médico no puede ser un esbirro que sólo maneje el cetro de una autoridad indiscutible, sin ninguna responsabilidad. Es un hombre que trabaja para sus semejantes y para la sociedad …

 

Nota: Estos argumentos son para discutir largamente. Lazarte los coloca como nota al pie, pero merecen ser destacados en el texto, por su vigencia y porque seguramente suscitarán opiniones encontradas entre los lectores. Personalmente pienso que es cierto que en muchos hospitales se tiende a restringir ciertas libertades de los pacientes y su familia: horarios de visita reducidos, horarios de comida exóticos, etc., Pero no puede ignorarse que algunas vacunas obligatorias tienen un rol social. La vacuna antivariólica eliminó la viruela de la faz de la tierra; en el caso de vacunas pediátricas, los niños no vacunados que asisten a una escuela pública pueden constituir un peligro para el resto de la comunidad educativa, etc. Por otra parte, un hospital dirigido con un criterio de equidad y pensando en la comunidad, puede cambiar mucho estas restricciones. Tal es lo que hicimos desde la dirección del Hospital de Viedma, Río Negro, cuando logramos extender los horarios de visita, pese a la oposición de un sector del personal del hospital, sector que aducía molestias e interferencias en sus tareas de curación o limpieza por la presencia de los familiares. Lo mismo podríamos decir de la experiencia en la Salud Pública de Rosario desde 1990. (JCP)

Los inconvenientes de la medicina unida a las distintas formas de dictadura, si no pueden salvarse del todo, por lo menos pueden aminorarse con la descentralización y la unidad de los médicos a los núcleos sociales en la cooperación y en la solidaridad.

Una cosa es el Estado y otra la sociedad o colectividad, el primero es una superestructura, con todos los defectos de un parasitismo secular e improductivo.

El médico actual es, en el orden económico, un pequeño comerciante individual y burgués. La estatización lo quiere convertir en funcionario. Un funcionario estatal es un burócrata destinado a aplicar las leyes del Estado, con más interés por sus funciones burocráticas que por la ciencia o su profesión.

La estatización de la medicina hará del médico un funcionario. Un funcionario es igual en todas partes del mundo: tiende a cumplir funciones que le han marcado y en cuya ordenación y redacción jamás interviene.

 

De nuevo, Lazarte en el momento en que escribe este libro no conocía las consecuencias que el Welfare State tendría para la cuestión social, ni se había implementado el sistema de salud inglés, ni se habían creado la mayoría de las obras sociales que en nuestro país son sobre todo consecuencia de la organización del movimiento obrero.

La contradicción entre una medicina a cargo del Estado y otra a cargo de los gremios se convirtió en uno de los conflictos más interesantes de la Argentina durante el peronismo, con las ideas del ministro Carrillo versus la hipertrofia asimétrica de las obras sociales sindicales. Otro punto interesante para discutir. Una persona de las convicciones de Lazarte y con la capacidad para extraer inferencias a partir de lo que en ese momento eran sólo indicios, podría haber aprovechado de otra manera si hubiera sido testigo de la evolución de la humanidad en la segunda mitad del siglo XX. Muchos acontecimientos, empero, parecen haberle dado la razón, en cuanto al agotamiento del modelo estatista y stalinista. (JCP)

 

‘No es lo mismo ser burócrata que trabajador de su oficio, vocación o profesión.’ Lazarte pasa luego revista a los ejemplos que podrían suscitarse a causa del centralismo estatal en las normativas.

 

Queremos repetirlo: luego de haber padecido algunos de los males que Lazarte pronostica en este libro, los planificadores normativos han ido perdiendo impulso y se ha ido imponiendo la planificación estratégica, la investigación-acción-participativa y otras formas de gestión más democráticas. Esto ha calado hondo en los propios defensores de la gestión estatal. De alguna manera, se ha hecho absorbiendo algunos de los principios libertarios que Lazarte defiende. (JCP)

 

De la concurrencia a la unificación

La profesión se encuentra ante el lema de toda la economía capitalista: ganar dinero. Aquí también existe una concurrencia de precios que llamaríamos competencia. Lucha de todos contra todos, en la concurrencia leal o no, del mercado de enfermos.

El final de esta concurrencia ruinosa marcará una concentración de la medicina. Porque los consultorios particulares que compiten entre sí son incompletos, no hay división del trabajo ni especialización armónica.

La evolución nos invita a abandonar la fatal concurrencia, arcaica y sin fundamento. Una concurrencia tonta, estéril, que es un despilfarro social, una desorganización rotunda.

 

Lo que debe ocurrir es que la concurrencia dé lugar a una medicina organizada, producto de la aplicación de la ciencia a la organización de la medicina. El esfuerzo humano puesto bajo el control de la inteligencia, que en otro lenguaje económico se llama racionalización social, que implica una manera económica de distribución.

 

Los caminos de la reconstrucción médica

Uno de los caminos posibles es la dirección estatal, como sucedió en Rusia. Pero este camino limita las libertades de los propios profesionales. La medicina no puede someterse al Estado y a su burocracia, porque sufrirá un estancamiento.

Lazarte está contra el Estado liberal, tanto como contra el dictatorial, llámese fascismo o el “aparato de una burocracia terrible e intolerante, que se dirá defender al proletariado”.

 

Las ciencias médicas seguirán el camino que les marque la nueva organización social. … En última instancia no son los médicos los que van a organizar la nueva sociedad, sino la nueva sociedad la que va a organizar su medicina. Pero es a nuestro gremio formado por hombres de ciencia y experiencia, a quien corresponde marcar la ruta más deseable y más exacta de su futura evolución …

 

Organización de la medicina social

Nuestro punto de partida es que la medicina va a ser un servicio social. Vale decir, un servicio público. Para todo el mundo. Deja de ser una función privada para devenir colectiva.

Comenzando por los pueblos, en todo municipio existirá un grupo de médicos que colaborarán en conjunto, unido en sus funciones a su comunidad. Contarán con los recursos de la comunidad donde trabajan. Este médico en régimen de comunidad y de libertad vive y trabaja sustentado por la comunidad, formando parte de la misma. Arreglará su vida al tipo ‘standard’ que surja de la capacidad de producción colectiva. El médico sólo así puede conseguir su verdadera libertad, integrado a la comunidad.

Cuando la capacidad de un pueblo no sea suficiente, entonces se unirán varios y tendrán sus equipos de salud. Y si esto no fuera suficiente, estarán los consejos regionales de comunas u otras instituciones económicas del nuevo orden.

“La comuna … en la reconstrucción de nuestro país será uno de los basamentos de la nueva organización”

 

En la ciudad es previsible que haya una menor congestión, porque el campo va a ser más habitable. Es decir: descentralización, descongestión, despoblación de las ciudades.

El médico en la ciudad ha dejado de ser aislado. Trabaja en los grandes centros de su especialidad o en los centros de salud pública, en los dispensarios, hospitales, etc.

En los hospitales no vive aislado: vive en una comunidad, por formar parte junto a personal diverso, de esa unidad básica que es el consejo de hospital. La unión de estos consejos de hospital entra a formar parte de los sindicatos de hospital, unidades mayores que se adhieren para todo lo que respecta a sus necesidades económicas, a la organización de la vida en la ciudad.

La unión de estos sindicatos confluye en el consejo del ramo de la salud pública, unido a su vez al Consejo local, que es la base central de toda la vida económica y administrativa de la ciudad.

Se exponen otras formas de interrelación posibles y deseables, con institutos científicos, etc.

Las unidades médicas, así, tendrán un máximo de libertad. Como la organización médica estará hecha desde la base, tienen una relación íntima con las necesidades verdaderamente populares. Y sin intermediarios que se llevan la parte del león.

 

Racionalización y libertad

El médico de los siglos pasados fue el individual. La racionalización de la medicina introduce problemas nuevos. Los avances científicos y técnicos sugieren la necesidad de asociaciones o equipos para la mayor parte de los problemas de salud. Esto hace que el médico entre en el engranaje moderno de la cooperación y asociación del trabajo productivo en alta escala.

Pero la constitución de agrupaciones de médicos con diferentes especialidades requiere de una amplia base de libertad. En ello va toda la fuerza de su inteligencia, el porvenir de su arte y el éxito de su labor. Y también se necesita de la libertad de los pacientes.

 

Ventajas de la socialización para el médico y el pueblo

Para el médico – salvo excepciones entre los que lucran exageradamente – la socialización traerá muchas ventajas. Para el pueblo los beneficios son inconmensurables.

Una frase de Lazarte expresa su incomparable optimismo:

“La vida sana de las sociedades expresará un amor a la naturaleza, sentido en una eterna primavera. Los cuerpos como las almas limpias, crearán núcleos de expansiones jamás soñadas …” 

 

Los seguros sociales (SS)

No podemos confundir los SS con una socialización de la medicina. Lo primero es un ensayo de escamoteo de la Revolución Médica. Un camino indirecto, del cual se conocen sus ventajas individuales, si bien deja subsistentes las causas que imposibilitan el buen funcionamiento de la Sanidad.

Los SS contra la vejez, la desocupación, la enfermedad, los accidentes, el paro, pueden tener un alto valor en el porvenir. “En la actualidad es un beneficio arrancado por la burguesía actual a la sociedad” (sic)

No se trata aquí de traer la opinión de las fuerzas del proletariado español, la CNT, o del Argentino, la FORA, agrupaciones de cientos de miles de adherentes, que tantas veces y sistemáticamente los han combatido, sino de médicos experimentados. Los SS nacieron como un invento comercial, utilitaristas, con un rumbo marcado por la especulación comercial de lo puede ser objeto de indemnización en la sociedad. Un comentario sobre el SS en Chile:

“Resumiendo, podemos decir que la morbilidad en el régimen de SS se ve aumentada en vista de que a las causas patológicas productoras de enfermedad, se agregan otras derivadas de factores psicoeconómicos y éticos.”

Es indiscutible que los SS marcan un avance, una etapa en la evolución, pero en la cual no puede estacionarse la medicina futura. Creemos que previamente debe darse la socialización y que los SS pueden cambiar notablemente después de la solución de los problemas de la riqueza colectiva y de la propiedad privada, de los medios de producción y de la tierra.

Las masas trabajadoras no pueden conformarse con la limosna que le arrojan los políticos ante la inminencia de estallidos subversivos, o las maniobras para asegurar un régimen que tambalea. Los nuevos derechos (del hombre que trabaja) están marcados en este hora por un minimum, que consiste en la solución o en un intento racional de buscar resolver cinco grandes problemas: alimento, vestido, habitación, salud y educación.

Los SS arriman un grano de arena el penúltimo de ellos – vale decir la salud – dejando intactos a los anteriores, a los cuales está unido en forma inseparable.

“Cosa completamente distinta deviene en los países como Rusia, en los cuales se ha iniciado un proceso revolucionario social (con algunos de cuyos aspectos políticos no estamos de acuerdo) porque en ellos se establecen nuevas bases económicas firmes para los seguros sociales, que la colocan a la cabeza del mundo. Existiendo un fundamento colectivo que irá perfeccionándose y extendiéndose a medida que la consciencia colectiva avance en su formación libertaria.”

(El énfasis está agregado: JCP)

 

La medicina social en el futuro

Es evidente que ni la trama ni la ordenación de la actual medicina van a subsistir por mucho tiempo. Antes de un cuarto de siglo se habrá transformado de tal manera que nuestro estado presente será un episodio de carácter histórico. A este estadio no podemos llegar bruscamente.

La nueva organización de la medicina social se operará en las líneas de la prevención tanto como de la curación.

 

Nota: A continuación Lazarte enumera y desarrolla cada una de las áreas en las cuales avizora que se producirán cambios o serán necesarias acciones en donde no están implementadas. La propia indicación del autor, de que el ‘estado actual’ será en pocos años cosa del pasado, se aplica también a que estos cambios, si bien novedosos cuando fueron enunciados, en muchos casos han sido superados por los hechos, por lo cual omitimos unos cuantos párrafos.

 

Finaliza este epígrafe afirmando que se puede decir, contemplando cuanto se ha hecho principalmente en EEUU, Alemania e Inglaterra, que en este formidable capítulo no estamos a ciegas. “En este sentido, los rusos que estaban en 1918 completamente atrasados, hoy han avanzado y están a la cabeza del mundo”

 

Medio ambiente y alimentación

Seremos breves en este punto, a pesar de que Lazarte dedica interesantes comentarios a la Higiene de los Alimentos y la Higiene del Trabajo. Y renueva su optimismo:

“La medicina socializada … tendrá mucho que ver con el campo y la ciudad, el aire y la luz, y las habitaciones sanas y buenas para proletarios, campesinos, estudiantes e intelectuales, que serán trabajadores”

 

La profilaxis de las enfermedades

Será el gran rol de la medicina social. Ya el sentido mismo de la evolución científica está marcando el camino. Los grandes institutos serán de profilaxis. Europa tiene ensayos maravillosos. Austria, Alemania, Francia, América, encierran semillas de instituciones de resultados notables. Nosotros vivimos el siglo de la masas. Es en medicina especialmente que las masas consiguen nuevos derechos:

“Se discutirá el derecho de la colectivización de la propiedad,

 pero lo que no se discute es el derecho a la salud”

 

Funcionamiento técnico de la sanidad

El Estado no puede orientar la sanidad con relación a la vida pública por la contradicción que existe entre su poder y la realidad sanitaria de la vida social, sin contar la intromisión de intereses políticos, que alejaron definitivamente la solución, aumentando cada vez más el despilfarro del individualismo.

Es de esperar que en los años por venir, las grandes ciudades, tengan cada una un Consejo de Sanidad equivalente en sus otras funciones a los otros Consejos de las restantes actividades sociales. Desde el punto de vista de la estructura, debe encuadrarse dentro de la norma orgánica de la nueva sociedad, en consonancia con otros aspectos importantes del trabajo humano.

En resumen se propone que los Consejos organizados por actividad reúnan a representantes de los trabajadores de esa unidad funcional, profesionales de la salud, universidades, etc., etc.

También estudia las relaciones de un consejo de sanidad con los servicios, hospitales, instituciones educativas que forman profesionales, incluso balnearios, puestos de primeros auxilios, etc.

 “Todas las instituciones tienen un doble carácter: se hace en ellas investigación, ciencia y se atiende al público. Viven una verdadera vida activa y social junto al pueblo que las utiliza, uniéndose a la ciencia y a la utilidad inmediatamente. Las aprovecha la enseñanza: se hacen investigaciones científicas, las aprovecha el pueblo local y quienes desde otros puntos de la república social requieren sus servicios en forma de brigada médica de auxilio u otra cosa” (el énfasis es de JCP)

Notemos que Lazarte formula sus ideas muchas veces en la forma como se escribieron algunas utopías, en tiempo presente.

Es interesante resaltar que para Lazarte todas las instituciones tendrían un carácter asistencial, científico y pedagógico. De alguna manera está proponiendo un borramiento de los límites tan tajantes entre asistencia a la comunidad y formación de recursos humanos (o por lo menos su capacitación en servicio).

 

Veamos la organización en el campo

Bajo este epígrafe reitera su propuesta de que cada comuna tenga su equipo profesional de salud, o bien articular estas funciones entre varios pueblos pequeños.

 

El factor educación y su importancia en la profilaxis

En los nuevos territorios espirituales en torno de los cuales practicamos estas disquisiciones, uno de los factores más importantes es el factor educación. Notable es su relación con la profilaxis. La medicina social requiere una elevación no sólo del ‘standard’ material de vida, sino también una elevación intelectual y sobre todo cultural. Allí es donde se insiste en la educación.

Es lo que luego se llamaría “Educación para la Salud” o en los últimos años directamente ‘Promoción de la Salud’. (JCP)

La planificación de los servicios médicos

Una medicina social tan vasta como la que propiciamos para nuestro país, tiene que basarse, ante todo, en una organización científica. Puede ser planeada sin intervención del Estado, que a nuestro juicio desmejoraría y debilitaría las certezas de un planeamiento racional.

Niega la opinión de Judine (al cual cita) que afirmaba que desde la dirección de un gobierno central, el Estado tiene todas las posibilidades de proponer, de ordenar que los recursos del país concurran para que se realicen sus propósitos.

Lo que le interesa es comprobar las posibilidades de un plan de medicina social ajeno al Estado y extraño a cualquier poder dictatorial.

Las instituciones de la medicina social tendrán dos aspectos, ambos escapados de la centralización. No puede la medicina, ni puede cada pueblo de los 5000 que tiene el país, estar sujetos a normas centrales, desde que su vida no está regida, como su economía y trabajo, por normas centrales.

Sin embargo, en nota al pie, Lazarte afirma que la última palabra en centralización está dada por el Instituto Experimental de Leningrado, cuyo “método de trabajo, colectivo, es muy bueno”.

Aspectos correspondientes en la evolución científica

Sincrónicamente a este formidable proceso humano de socialismo, cuya terminación se concreta en el paso hacia la socialización de la medicina, toma cuerpo una revolución científica. No creemos que ella obedezca ni esté tan ligada a una evolución materialista del mundo … lo que sí podemos constatar es su aparición simultánea en un momento de la cultura occidental.

En la historia de ese conjunto inmenso de hechos y experiencias científicas acumulados por el hombre desde el Renacimiento hasta ahora, hay momentos de cambios fundamentales donde parece que el espíritu humano toma rumbos nuevos como negación de lo antiguo.

Asistimos a un cambio de frente en el mundo científico médico.

Los párrafos siguientes presentan cierta opacidad. Algunos de ellos son transcriptos literalmente y en otros he optado por cambiar su redacción, exponiéndome al riesgo de una interpretación equivocada, que en todo caso soportará y admitirá las críticas correspondientes. (JCP)

En el aspecto de la valoración exclusiva de los datos materiales termina una época de la medicina y avanza otra en concomitancia con los progresos de las ciencias naturales. Es un proceso semejante al experimentado por la filosofía griega, que evolucionan desde un sistema materialista y determinista (Leucipo y Demócrito) hacia un nuevo idealismo.

El pensamiento científico del siglo XIX, también busca la realidad en la materia, pero sufre las consecuencias del avance del resto del conocimiento. Desde la relatividad hasta nuevos motivos de incertidumbre. Esta inmensa floración hace pensar la vuelta a un realismo limitado, en que la ciencia se ocupe de problemas restringidos.

¿Qué pasa al conjunto de las ciencias médicas?

Toda la medicina de la Universidad creyó que su porvenir era trata con enfermedades que eran una realidad definitiva, haciendo de lo orgánico el centro y el eje, así miles de médicos dedicaron su vida a buscar casos. El descubrimiento de los microbios contribuyó no poco a ello. La ciencia oficial, al servicio de la burguesía, hizo del microbio el centro del universo, supeditando el hombre y la vida a sus fantásticos temores. Cita al médico español Isaac Puente, quien afirmaba que:

“La Sanidad oficial ha fomentado el miedo al microbio, sobre el que se han cargado ajenas responsabilidades, y así las gentes pueden mirar tranquilas el tugurio donde se hacinan seres humanos, al miserable que pide pan o que pasea su hambre crónica por la calle …”

En este siglo que empieza podemos pronosticar el estudio mental de todas las manifestaciones que antes estudiaban la física y la química. La guerra aporta al conocimiento de los efectos mentales de las lesiones materiales. Surgen la psicología de Pavlov y la de Watson. Pero la moderna psicopatología revela los inmensos mundos desconocidos del alma humana, contribuyendo definitivamente a la más clara interpretación de lo normal, por medio del estudio de lo anormal. … Esta gloria corresponde, aún con sus exageraciones a Sigmund Freud, Adler, Jung.

Por otros caminos también aparecen nuevas investigaciones del mundo psíquico: Bleuler Jaspers, Kretschmer, Janet, etc.

Nótese, en esta crisis científica, de verdadera renovación de valores, dos aspectos fundamentales, un contraste entre el materialismo histórico y la nueva dirección de las ciencias del pensar psicológico de la medicina. Prácticamente, el materialismo, en todos sus más variados aspectos y consecuencias, ha muerto.

Se ve el resurgir de fuertes aspectos individualistas en los psicólogos arriba enunciados, junto al resurgir de otros aspectos de la ciencia que tocan directamente la composición de las grandes masas, como es el estudio de la herencia mendeliana, la biotipología y el constitucionalismo[1] (Stiller, De Giovanni, Viola, Pende, Klages, Kahn, etc), con lo cual se asiste también a dos revoluciones parejas: la de lo individual y la de lo colectivo, que es una sola unidad dividida en dos grandes líneas que se tienden hacia el porvenir, que la humanidad nunca ha abandonado.

 

Cuál es la posición del médico en el momento actual

Lazarte aclara que ‘Posición no es situación material, estática, sino un aspecto dinámico espiritual de la vida, que implica virilidad y lucha.’

Las viejas ilusiones de privilegios y riquezas han muerto. El capitalismo tiende a hacer del médico un explotado. La ilusión del médico de familia de barrio o de pueblo, individualista, ha muerto. Se pasa del trabajo individual al colectivo.

La técnica, en las condiciones actuales transforma al médico. La liberación del médico, para que sea posible, debe acompañarse de la liberación de la técnica, racionalizarla y ponerla al servicio de la colectividad, como instrumento emancipador.

Es necesaria la organización en sindicatos, en asociaciones de trabajo, para luchar por el mejoramiento en las condiciones de trabajo, preparándose para el nuevo camino que tomará la sociedad.

El gremio médico debe reclamar que la sanidad pase a manos de los médicos, quitándola de manos de los políticos.

La agremiación no puede realizarse sin contenido ideológico societario. El médico es parte de su pueblo, de la sociedad y necesita integrarse a ella, para lo cual se hace impostergable dos acontecimientos: ka socialización de los medios de producción y el advenimiento de una profunda libertad,

Sólo así, la medicina se elevará a categoría social superior y habremos puesto las bases definitivas de una ciencia que considere al médico y al enfermo en su complejidad biológica natural, en su unidad superior, que es la sociedad. De donde la medicina será, en un futuro, la gran ciencia de la sociedad.

А

 

 

 

Bibliografía complementaria

ABAD DE SANTILLÁN, Diego; INVALDI, Ángel & CAPPELLETTI, Ángel J.(1964): Juan Lazarte, militante social, médico, humanista, Rosario: Grupo Editor de Estudios Sociales (41 pág.) (FcC, orig. Biblioteca Ghiraldo) Resumen del texto y notas por Juan Carlos Paradiso (Publicado en Blog de Educación anarquista 23.6.2009)

Cappelletti, Ángel J. (1964): Juan Lazarte, un humanista, en Abada de Santillán, Invaldi & Cappelletti (op. Cit.) (pag 33-41)

  



[1] Constitucionalismo es usado en este caso como teoría que relaciona la constitución física de un individuo con su carácter, temperamento, etc. Entre los constitucionalistas, Sheldon define el temperamento como la relación existente entre los aspectos genético-biológicos (morfogenotipos) y la conducta del hombre. Kretschmer define la constitución como "el conjunto de potencial activo de la personalidad en forma de disposiciones, tendencias y determina do tipo de reacción".

24/06/2009 GMT 9

Juan Lazarte: un rosarino

anarquismo @ 01:32

ABAD DE SANTILLÁN, Diego; INVALDI, Ángel & CAPPELLETTI, Ángel J.(1964): Juan Lazarte, militante social, médico, humanista, Rosario: Grupo Editor de Estudios Sociales (41 pág.) (FcC, orig. B. Ghiraldo) Resumen del texto y notas por Juan Carlos Paradiso (JCP)

Lazarte y su militancia social (Diego Abad de Santillán) pp 3-16

Juan Lazarte nació en Rosario en 1891. En su paso por la escuela primaria fue alumno de Julio R. Barcos, maestro, orador y escritor corondino, que alguna influencia debe haber ejercido sobre Lazarte.

Su ambición de saber se despertó tempranamente y aunque culminó la carrera de Medicina, podría haber sido en cualquier otra rama del saber. Fue un buscador, un explorador, un investigador insaciable. No un especialista.

Militante social, pero nunca llegó a encasillarse en un partido u organización. Si hubiese que definirlo en este concepto lo catalogaríamos en el marco de un socialismo libertario y humanista, pero no por doctrina, por adhesión a un catecismo, a un dogma, sino porque toda su conformación mental, su moral y su conducta apuntaban en ese sentido.

Aunque pasó por varias universidades en nuestro país y en EEUU, finalmente se graduó en Córdoba de médico. Un médico conocedor de la antropología, la paleontología, la sociología, que entendía que para curar la salud hay que abarcarlo todo.

Cuando EEUU entra en la I Guerra, regresa al país y estudiaría en Córdoba, cuando se estaba gestando la Reforma. Fue orador obligado del estudiantado en los centros obreros y en la plaza pública.

Fue poco después cuando entramos en relación cordial.

Aquí Abad cuenta cómo lo acompañó en muchos actos en los que Lazarte daba conferencias, que era incansable, sumamente estudioso y que tenía una biblioteca que era consulta obligada en muchos temas.

Estuvo siempre fuera de toda jaula, fue lo contrario de un hombre de secta o de iglesia. De convicciones firmes, no ponía sin embargo barreras ante el prójimo, religioso o laico, de derecha o izquierda.

Escribió sobre temas muy diversos, como la locura de la guerra.

El capitalismo fue engendrando en su propio seno los enemigos que habrían de poner término a su reinado. Por ej., robusteció el aparato de Estado, los mecanismos represivos de todo descontento, porque el Estado estaba a su servicio; Lazarte escribió ‘La crisis del capitalismo’ publicado en Barcelona en 1934. Propiamente el capitalismo ya no está bajo el control y dirección del capitalista, sino del Estado, de la burocracia, de técnicos y administradores expertos. Así como la aristocracia fue reemplazada por la burguesía, ésta es suplantada por los obreros, técnicos y empleados. La clase media es hoy más poderosa y de ella surgen el hombre de ciencia, el técnico, el especialista, el político, etc.

Hoy proponemos como solución racional y efectiva, el acuerdo y la solidaridad entre la ciencia y la técnica por un lado, y los obreros y campesinos por otro.

Un país rico es aquel que produce más, pero también que consume más.

Lazarte era federalista y, dentro del federalismo reivindicaba la autonomía comunal, la iniciativa de abajo arriba, partiendo del municipio. Coincidía en muchos aspectos con Lisandro de la Torre, del cual reunió en un volumen sus ideas.

El federalismo aún no halló la expresión correspondiente en la vida institucional del país. Ningún rey constitucional, en Gran Bretaña, escandinavia, o los Países Bajos tiene las atribuciones de un presidente argentino. Las autonomías provinciales son cosa del papel y las intervenciones federales son harto frecuentes.

 

Los problemas de la medicina social le preocupaban. La socialización de la Medicina y Problemas de Medicina Social son algunos de sus libros. Proclamaba que la medicina debe dirigirse más al hombre sano que al enfermo. Y que el cuidado de la salud es más barato (para el sistema y para el propio interesado JCP) que el cuidado de la enfermedad.

Sus pretensiones para la sociedad eran ambiciosas, tanto que en su momento eran peligrosas para el sistema. Hoy muchas se han incorporado, pero generalmente sólo en los discursos.

 

Lazarte y el gremialismo médico argentino Ángel Invaldi (pp 17-32)

Lazarte fue un idealista que no se apartó de la tierra, estando siempre en lucha. Siempre indulgente y tolerante, reaccionaba violentamente contra la injusticia y la opresión. Vivió con austeridad y sencillez.

Ubicado al lado del proletariado, el ideario de su vida fue que la cultura no fuera privilegio de una clase, sino que llegase hasta las masas. Y tenía pasión por la libertad.

Como profesor universitario mantuvo su línea de reformista auténtico, pero no se mezcló ‘en la politiquería universitaria’. Lazarte agregaba a la Universidad una función ‘americanista’ apuntando a que ‘la Universidad y los universitarios de responsabilidad, aún en las tormentas, deben ser pacifistas’.

Ejerció en la población rural de San Genaro, donde murió. Allí se dedicó al estudio de problemas económicos, sociales, políticos, médico-gremiales.

Sostenía que la salud no es un capital individual sino social. La nueva modalidad del trabajo médico, desde el sacerdocio a la práctica de comunidad y al trabajo colectivo, crea una nueva ética objetiva, científica, y también una nueva responsabilidad médica.

Lazarte organizó junto con otros colegas la Asociación Médica del Departamento San Jerónimo.

Casi simultáneamente los médicos de otras zonas se fueron organizando, como David Ostrowsky entre otros en Rosario. Así se reúnen y constituyen la Federación Médica de la Provincia de SF, que tuvo desde el comienzo un contenido social.

Esta federación realizó un Congreso Médico Gremial en julio de 1935. Lazarte fue su presidente; se estudió el problema de la economía médica y su quebranto, aconsejando formar asociaciones de médicos para la asistencia integral de los enfermos.

En Rosario, en 1936, hubo un Congreso Médico Gremial y Social, del cual Lazarte fue Secretario. Desde entonces se dedicó de lleno al gremialismo médico, siendo delegado en todos los congresos del país, presidiendo alguno de ellos. Era el alma de los mismos.

‘Los médicos se organizan en interés de la salud de la población, tras de sus aspiraciones gremiales y de sus derechos individuales y estos tres aspectos … están íntimamente ligados y no pueden separarse, son una unidad” (pag 25)

La forma más eficiente, ágil y significativa de organización es por lugares de trabajo, como son los comités o sociedades de hospitales y sus representaciones; por ser esto más natural y vivir unido a la marcha de la sanidad, es decir a su funcionamiento. Tendremos, pues, una estructura funcional”.

En ‘La socialización de la medicina’ expone que la socialización para que sea un servicio social debía realizarse con libertad, afirmando que siempre hemos de distinguir y no confundir medicina estatizada, donde los médicos son burócratas funcionarizados, de la medicina socializada, que es una organización de los gremios y donde los médicos son libres con las características aproximadas a las formas prácticas tradicionales, aunque se acepten todos los progresos y avances, tales como el trabajo por equipo, asistencia a los grupos de ingresos bajos, etc. Socializar la medicina significa ponerla en manos de los médicos y los profesionales afines organizados de acuerdo a las necesidades de la población.

Dejar la medicina a iniciativa total del Estado es incompatible con la libertad y convertiría al médico en un funcionario.

 

La lucha contra la funcionarización médica ha sido intensa en nuestro país, y Lazarte fue el paladín. “No es lo mismo ser burócrata que ser trabajador de un oficio, vocación o profesión”

Bregó contra el centralismo estatal en cuanto limitará las posibilidades de desarrollo de la profesión:

“es a nuestro gremio, formado por hombres de ciencia y experiencia, a quien corresponde marcar cuál es la meta más deseable … La funcionalización no conviene a los médicos, ni a la ciencia, ni al pueblo”

Si en el estado actual de la vida argentina no existen las condiciones para una verdadera socialización de la medicina, resulta posible un sistema de Seguro de salud aprobado por los gremios médicos.

Con la creación de los Colegios médicos de la Provincia de SF, fue elegido por los colegas del dep. San Jerónimo para su mesa directiva.

Cuando se intentó que los médicos se incorporaran a la CGP (Confederación General de Profesionales) luchó defendiendo nuestras instituciones gremiales, frente a este claro intento corporativista, creado para servir al régimen.

También formó parte del Consejo de la Confederación Médica de la Rep Arg. (COMRA). Fue director de la revista de la COMRA.

“La libertad para nosotros, los médicos, tiene dos significados igualmente hondos y notables: uno individual, que toca la médula de nuestra profesión e implica un hondo sentido de responsabilidad, y otro colectivo que nos involucra a todos como ciudadanos y hombres”

 

Juan Lazarte, un humanista  Ángel J. Cappelletti (pag 33-41)

Lazarte gustaba definirse a sí mismo como un humanista. Tal autodefinición, necesita ser explicada.

Parafraseando a Cappelletti, el humanista no es un trascendentalista, espiritualista o religioso que ve en Dios el comienzo, el medio y el fin de todo, que está mirando y dependiendo de instituciones que dictan normas de fe y de vida. Tampoco es un naturalista que se disuelve en la materia que lo circunda. En su sentido esencial y prístino, ‘humanismo’ significa la actitud espiritual que constituye al hombre como centro y foco de la realidad.

Esto no obstante, toda la historia del humanismo ha presentado numerosísimas tentativas de sintetizar humanismo y religión por una parte, humanismo y naturalismo por otra. Hay así un humanismo cristiano y un humanismo marxista. Y entonces Lazarte qué tipo de humanista era? Lo explica Cappelletti a continuación.

Lazarte era por su formación, un biólogo. En la Universidad de la Plata y en el instituto del profesorado de Bs As estudió Ciencias Naturales. En EEUU completó estos estudios con el genetista Morgan. Más tarde completa Medicina en Córdoba y después la influencia de Georg Nicolai, fisiólogo ilustre, profesor de Córdoba y Rosario, termina de configurar su perfil (digamos su perfil técnico científico o académico JCP)

Jorge Nicolai es el autor de “Biología de la Guerra, Miseria de la Dialéctica” con una concepción estrictamente cientificista del mundo y la sociedad, con una confianza casi absoluta en la ciencia y sus métodos. Pero al mismo tiempo la consideración del carácter y los fines de la ciencia lo han llevado a pensar que ésta es una función humana y que no tiene otra meta más que el perfeccionamiento y progreso de la Humanidad.

De tal manera el naturalismo, como afirmación de que nada existe fuera de la naturaleza y por encima de la misma, se vincula al humanismo, en cuanto al conocimiento de la naturaleza se le asigna como fin único el servicio del hombre.

Y si a éste, desde el punto de vista teórico, no se le reconoce ninguna preeminencia esencial dentro del Universo, desde un punto de vista práctico se lo considera como el único beneficiario de la ciencia y como el fin último de toda actividad.

Se explican así los esfuerzos de Nicolai por aplicar al terreno de las ciencias sociales n sólo las conclusiones sino también los métodos de las ciencias físicas y biológicas. Lazarte compartió en lo esencial esta posición y esta actividad. (énfasis JCP) Su humanismo se vincula, pues, intrínsecamente a una concepción naturalista de la realidad y quiera basarse, en todo momento, sobre las ciencias físico-biológicas. Por eso, la cosmovisión implícita en sus escritos y en su vida, podría definirse como ‘humanismo’ en el mismo sentido que le da a esta palabra Corliss Lamont (cf. El humanismo como una filosofía)

Otras influencias en Lazarte la constituyeron los socialistas, especialmente libertarios.

El humanismo de Lazarte fue militante y no contemplativo. Su actuación universitaria se remonta a la época de la Reforma, no viendo en ella un movimiento meramente académico ni tampoco político, sino como parte de un impulso social que debía marchar íntimamente unido al movimiento proletario y el sindicalismo obrero, pero más allá de los partidos políticos y de los politburó. No cayó nunca en la ‘vacua retórica del reformismo como muchos otros’ pag 36

Luego se mantuvo alejado de la universidad hasta 1955, cuando se lo llamó como viejo militante a ocupar una cátedra en la facultad … de ciencias económicas, comerciales y políticas de la UNL

Lazarte no era un expositor brillante (parece que se contradice con Abad de Santillán) ni se puede decir que sus clases fueron ordenadas o ajustadas a las normas convencionales. Pero esto mismo era en buena parte producto de ese entusiasmo que es cualidad esencial del magisterio universitario y que suple con creces cualquier deficiencia formal.

Este ‘Eros pedagógico’ hizo de él un maestro auténtico. Más que distribuir información trataba de promover búsqueda y más que exponer doctrina trataba de que sus alumnos conquistaran pensando sus propias convicciones, sus alumnos lo recordarán siempre como uno de los pocos maestros cabales con que se hayan encontrado.

La ‘introducción a las ciencias políticas y sociales’ se convirtió con él en una asignatura abierta, a la cual el alumno podía acceder por vías muy diversas, en uso de una amplísima libertad.

Al llegar a una clase de Lazarte tanto podíamos oír al profesor recitando un soneto de Petrarca como a sus alumnos discutiendo sobre eugenesia, sindicalismo. Aunque este le restaba rigor académico ganaban en vitalidad.

Plantear problemas, despertar inquietudes, sembrar intereses eran lo sobjetivos fundamentales de aquellas clases. Lazarte no se cansaba nunca de recomendar lecturas, de encargar monografías, de suscitar discusiones, , de promover la investigación en lo posible.

Si su labor universitaria fue breve, su labor literaria fue constante y prolongada.

Entre los temas a los que más aportó estuvo la sexualidad.

Su antiestatismo de raíces proudhonianas lo llevó a luchar contra la burocracia (que consideraba consecuencia del estatismo) y a interesarse por la descentralización, por el federalismo y por el poder comunal, entendiendo la comuna como libre asociación de productores.

El imperialismo, en una escala más amplia por supuesto, era para él lo contrario del federalismo.

Combatió el racismo y la enseñanza religiosa en las escuelas.

Su estilo literario no era pulido, quizás por la urgencia de muchos de sus escritos, pero su conversación era a veces chispeante, por lo cual se puede decir de él lo mismo que Cicerón de su rival Hortensio: que hablaba mejor de lo que escribía.

En ese sentido Lazarte se alejaba de la imagen clásica del humanista de riguroso culto por el estilo. Pero admiraba y recitaba a los grandes poetas.

Su humanismo, arraigado en las ciencias naturales sabía encontrar en todas las formas de vida la progenie y parentela del hombre y en especial le hacía degustar la poesía acerca de la naturaleza.

Su casa, una suerte de chacra atestada de libros, era además un bestiario en donde además de acoger a numerosos hombres ilustres o comunes, cobijaba casi un zoológico de distintas especies animales.


Un buen lema para Lazarte hubiera sido el verso de Terencio:

Soy humano y nada de lo humano me es ajeno.

O un epitafio:

Amó los versos, la tierra, la libertad,

Fue amigo de las bestias y los libros

Supo andar y reír

Luchó por la justicia 

31/03/2007 GMT 9

Sobre los libertarios (resumen)

anarquismo @ 22:53

FERRER, Christian (2005): Sobre los libertarios. En: C. Ferrer: El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo. La Plata: Terramar ediciones / Bs.As.: Libros de Anarres pp 7
(Resumen: Analia Buzaglo)

...”El anarquismo puede ser considerado a la vez análisis crítico y radical del poder, idea antropológica alternativa de sociedad y un arte de vivir, pero también ha participado de la cultura del libro”...

Originados en una horma anómala, los anarquistas aprestaron y difundieron propuestas que no estaban contempladas en el pacto fundador del ideario republicano moderno y que darían contorno a la imaginación antagonista del dominio del hombre por el hombre.
...causará asombro al lector de la historia de las ideas que en un tiempo casi olvidado haya podido promoverse una sociedad sin jerarquías e instaurado instituciones y modos de vida regidas por costumbres y valores libertarios, cuyo rango abarcó el anarcosindicalismo y el individualismo anárquico, el grupo de afinidad y la práctica del amor libre, la enseñanza del antiautoritarismo en las escuelas “racionales” y la difusión de una mística de la libertad hasta los confines geográficos más inhóspitos del planeta.
...la supervivencia del anarquismo es, por un lado, casi milagrosa, dada la magnitud de hostilidad que debió sobrellevar y las derrotas que hubo de encajar; por otro su perseverancia es comprensible, pues no ha surgido hasta el momento antídoto teórico y existencial contra la sociedad de la dominación de mejor calidad.
El anarquismo se propagó al modo de las antiguas herejías, como una urgencia espiritual que impulsó al ideal de emancipación madurado durante la Revolución Francesa a correrse más allá de los límites simbólicos y materiales permitidos por las instituciones a las que se había otorgado el monopolio de la regulación de la libertad. Quizá porque los anarquistas fueron los albaceas más fieles de los afanes jacobinos, tanto como correas de transmisión de la antigua llamada milenarista, pudieron transformar el lema de la libertad, la igualdad y la fraternidad en el trípode de una mística poderosa. El anarquismo transmitía un linaje de resistencia: fue en el siglo XIX la reencarnación de las rebeliones campesinas europeas, de las sectas radicales inglesas y de los sans-culottes.
Tres doctrinas, liberalismo, marxismo y anarquismo, constituyeron los vértices del tenso triángulo de las filosofías políticas emancipadoras modernas. El siglo XX se nutrió de sus consignas, esperanzas y sistemas teóricos tanto como los puso a prueba y los extenuó. De acuerdo con troqueles distintos, tanto Stuart Mill como Marx y Bakunin estaban atravesados por la pasión por excelencia del siglo XIX: la libertad.
...abismos separan a las ideas libertarias de las marxistas, comenzando por el énfasis puesto por los anarquistas en la correlación moral entre medios y fines, siguiendo por su escepticismo en cuanto a los privilegios que se arrogaron para sí el “partido de vanguardia” y el Estado en los procesos revolucionarios, y culminando en la firme confianza depositada por los anarquistas en la autonomía individual y en los criterios personales. Del liberalismo, los anarquistas nunca pudieron aceptar su asunción de que libertad política y justicia económica fueran, eventualmente, polos difícilmente conciliables. Los anarquistas prefirieron no elegir uno u otro desideratum moral y dejaron que el impulso informante y fundante de sus ideas, la libertad absoluta, resolviera esa tensión al interior de un horizonte mental más amplio.
Para Mijail Bakunin, quizá la figura emblemática de la historia del anarquismo, la libertad era un “mito”, una acuñación simbólica capaz de contrapesar las creencias estatalistas y religiosas; pero también un “medio ambiente” pregnante, el oxígeno espiritual de espacios inéditos para la acción humana. Bakunin insistió que era abyecto aceptar que un superior jerárquico nos diera forma. (...) De allí que el anarquismo no consistiera solamente en un modo de pensar al dominio sino fundamentalmente en un medio contra el mismo. En su voluntad de “dar vuelta” el imaginario jerárquico el anarquismo postuló los fundamentos de una ciencia y de una experiencia de la libertad: la ciencia de la desobediencia como camino de autoconcientización y la experiencia de vivir cotidianamente como “espíritus libres”, pues la historia es, para el anarquista, el “campo de pruebas” de la libertad.
Por haber demandado libertades irrestrictas el anarquismo pudo realizar una autopsia política de la modernidad que caló sus instituciones hasta el hueso, exponiendo impotencias y defectos de nacimiento. Esta autopsia le estuvo vedada al marxismo, obsesionado con la “toma del poder”, y al reformismo, que una y otra vez trastabilló con paradojas a las que no pudo destrabar y sobre las que se arroja incombustiblemente hasta nuestros días. Si suele decirse que Marx develó el secreto de la explotación económica, fue Bakunin quién “descubrió” el secreto de la dominación: el poder jerárquico como constante histórica y garantía de toda forma de iniquidad. La intuición teórica de los padres fundadores del anarquismo colocó la cuestión del poder separado en su mira: insistieron en que las desigualdades de poder son determinantes, e históricamente previas, de las diferenciaciones económicas. Es entonces en el dominio político (y no sólo en las actividades cumplidas en los procesos industriales) donde se debe hallar la clave de comprensión de la sociedad de la dominación. Sus colofones modernos, el Estado liberal o el autocrático, se constituían en perros guardianes de la jerarquización del mundo. Hoy quizás habría que identificar esos cancerberos, además, en otras instituciones. Pero a los anarquistas siempre les ha sido indiferente si un territorio es gobernado con puño de hierro o con palabras suaves, pues la zona opaca que combatieron es la voluntad de sometimiento a la potencia estatal (un principio de soberanía antes que un “aparato”), centro unificador de una geometría concéntrica y vertical. Todas las invenciones culturales y políticas de índole libertaria confluyeron en una estrategia horizontal de la contrapotencia, negación de la representación parlamentaria que reduce las artes lingüísticas y vitales de una comunidad al juego del birlibirloque en que coinciden mayorías y minorías. Para Bakunin, las modalidades de la dominación se adaptaban a los grandes cambios históricos pero las significaciones imaginarias asociadas con la jerarquía persistían, y se constituían en interdicto, en condición de imposibilidad para pensar el secreto del dominio. A lo largo del siglo XX, ha circulado en el espacio público la cuestión de la “dignidad” económica y ha podido “tematizarse” la opresión de “género”: ya han adquirido alguna suerte de carta de ciudadanía en tanto problemas teóricos, políticos, gremiales, académicos o periodísticos. Pero la jerarquía continúa siendo un tabú.
...La posibilidad de abolir el poder jerárquico es lo impensable, lo inimaginable de la política; imposibilidad garantizada por las tecnologías de la subjetividad que regulan los actos humanos, que fomentan el deseo de sumisión, y que muy tempranamente se enraízan en el aparato psíquico. Para Hobbes o Maquiavelo no puede existir unidad entre el pueblo y su gobierno si no hay sumisión –voluntaria o involuntaria, legítima o ilegítima-, y no hay sumisión sin terror, en alguna dosis. Fundar una política sobre la camaradería comunitaria y no sobre el miedo fue la respuesta anarquista, y para ello era preciso anular o debilitar las instituciones autorreproductoras de la jerarquía a fin de permitir que la metamorfosis social no sea orientada por el Estado.
El “genio” del anarquismo no sólo consistió en la promoción de un ideal de redención humana sino también en la instauración de nuevas instituciones y modos de vivir al interior de la sociedad impugnada que a su vez intentaban relevarla (sindicatos, grupos de afinidad, escuelas libres, comunidades autoorganizadas y modos autogestionarios de producción). De allí la obsesión del anarquismo por garantizar la correspondencia entre fines y medios. (...) Pero el hecho de poder elegir en comicios a un “amo bueno” (del “padrecito zar” al “demócrata bienintencionado” la imaginería heroica de los entusiastas de la representación política no ha cambiado sustancialmente) no mejora a un sistema de dominación así como la fiscalización de los actos de gobierno no es una tarea defensiva que, por otra parte, suele reforzar el imaginario jerárquico. El problema de la “legitimidad” de un gobierno, tan importante para los filósofos políticos liberales es, para un pensamiento contrainstitucional como el anarquista, un problema mal planteado. Bakunin sostenía en el siglo XIX que los parlamentos democráticos eran “sociedades declamatorias”. (...) La preocupación por la institucionalización de formas democráticas y por la legitimidad de los gobiernos electos menosprecia la sustancia de la razón de Estado, plagada de decisionismo tecnocrático, burocracias partidarias que dedican casi todas sus energías a autorreproducir sus condiciones de perdurabilidad, y por asesores y operadores gubernamentales, subespecie cuyos cubiles se ocultan tras bambalinas.
En las prácticas históricas del movimiento libertario no se encontrará tanto una teoría acabada de la revolución como una voluntad de revolucionar cultural y políticamente a la sociedad. De hecho, difícilmente podría acontecer lo que el siglo XIX conoció como “revolución” si previamente no germinan modos de vivir distintos. En la “educación de la voluntad”, que tanto preocupaba a los teóricos anarquistas, residía la posibilidad de acabar con el antiguo régimen espiritual y psicológico del dominio. En esto reside la grandeza del pensamiento libertario, incluyendo a la variante anarcoindividualista, que es menos una voluntad antiorganizativa que una demanda existencial, una pulsión anticonformista. La confianza antropológica en la promesa humana, típica del siglo XVIII, fue el centro de gravedad a partir del cual el anarquismo desplegó una filosofía política vital que intuía en la libertad, no una abstracción o un sueño sino un sedimento activo en las relaciones sociales existentes. Bakunin o Kropotkin creían que el origen de los males sociales no se encontraba en la maldad humana sino en la ignorancia. Indudablemente, en esto, los anarquistas son herederos de la ilustración y justamente por eso creían en la educación racionalista, incluso cientificista, aunque ello no los transformó en meros positivistas.
(...) Del anarcoindividualismo al sindicalismo revolucionario, de las experiencias comunitarias a la difusión de ideas en grupos pequeños, o bien las experiencias autogestionarias de la revolución española, los anarquistas se han sostenido sobre una u otra faceta de su historia. (...) Pero si las ideas anarquistas aún pertenecen al dominio de la actualidad es porque sostienen y transmiten saberes impensables, o al menos inaceptables, por otras tradiciones teóricas que se pretenden emancipatorias. En el resguardo de ese saber antípoda reside su dignidad y su futuro.

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01/03/2007 GMT 9

ENLACES

anarquismo @ 23:42

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24/02/2007 GMT 9

Spalding: Clase trabajadora argentina

anarquismo @ 07:21

SPALDING, Hobart (1970): La clase trabajadora argentina. Documentos para su historia (1890-1912). Bs. As., Galerna. (Resumen y notas: JCP)

El texto es parte de un proyecto mayor del investigador de la Universidad Municipal de New York, que en más de 600 páginas reúne invalorable documentación para la historia de los trabajadores argentinos, sacando a la luz fuentes originales.
HP divide la historia de la clase trabajadora argentina en etapas:
 La 1ª etapa (1853-1890) comienza con la llegada masiva de inmigrantes: socialistas alemanes que escapan de las leyes antisocialistas de Bismarck, italianos y españoles anarquistas, etc.

 En la 2ª etapa (1890-1912) se destacan 4 grandes líneas: anarquismo, socialismo, sindicalismo y movimientos populares. Es el período que considera este texto.

 La siguiente etapa (1912 a 1930) se extiende entre la incorporación parlamentaria del socialismo y el avance del sindicalismo, hasta el golpe militar. El movimiento obrero se debilita por divisiones. Se funda el Partido Comunista Argentino y se divide el socialismo. Al final del período existían 3 centrales sindicales: la FORA (comunismo anárquico), la Unión Sindical Argentina (anarco-sindicalista) y la Confederación Obrera Argentina (socialista).

 La década infame (1930-1943) es un período de espera para el movimiento obrero. El Partido Socialista se eclipsa y deja de representar a la clase trabajadora, manteniendo su caudal sólo en las ciudades grandes. Sobreviene el desprestigio del anarquismo y el auge del sindicalismo semilegalista. Si bien en 1930 se funda la CGT como intento de unificación, la desorganización se mantuvo. Desaparecen las pequeñas sociedades por oficio y se organizan por industria, concentrando el poder obrero. La industrialización creciente produce una gran migración interna y el crecimiento de la masa trabajadora urbana.

 La clase trabajadora se convertirá en factor de poder, importantísimo en el período 1943-1955. Los sindicatos forman la base del Partido Laborista que llevó a Perón a la presidencia. En el partido había una síntesis de tendencias: socialistas, sindicalistas y anarquistas. Todo se hace para el trabajador, pero poco hace el trabajador mismo.

 En el período que se inicia en 1955 la CGT es intervenida. Recordemos que el autor no avanza más allá de la década del 60.

Ya focalizado en el período 1890-1912, el autor continúa con una somera descripción del mismo: la época, la inmigración, las industrias agropecuarias, los ferrocarriles, la valorización de la tierra, las industrias (recordando que Carlos Pellegrini quedó solo en su prédica por la industrialización, que no interesaba a los otros conservadores que vivían de cambiar materias primas por productos extranjeros ya elaborados), los ciclos de prosperidad, régimen financiero e inflación, cómo éstos afectan al obrero, salarios y alquileres, vida obrera, composición de la élite y su reacción frente a los movimientos sociales, los reformistas, los católicos y otros grupos. Abunda en datos y cuadros.

En el siguiente capítulo se refiere a la clase trabajadora en este período, sus organizaciones, los movimientos de fuerza, divisiones, prensa, posición ante la violencia, la nacionalización de la clase trabajadora.
Entre los medios de organización y lucha estudiará las bases teóricas de las tres ideologías predominantes: anarquismo 58, socialismo 59 y sindicalismo 59-60, así como corrientes menores, como los independientes 60 y la actitud del obrero medio frente a las organizaciones, la composición de clase de los partidos y movimientos 61.
El socialismo 65-76 fue el mejor organizado de estos grupos. La estructura rígida pero democrática del partido evitaba las violentas escisiones. Los que estaban en desacuerdo tenían que abandonarlo, como pasó con algunos sindicalistas.
Las organizaciones gremiales 76 surgidas desde la década del 80, sólo logran unificarse en 1901 en la FOA, luego FORA (Federación Obrera Regional Argentina) en forma federativa, aglutinando a anarquistas y socialistas, aunque éstos se retirarán más adelante, intentando medios de lucha más conciliatorios y formando la UGT (Unión General de Trabajadores) y luego la CORA (Congreso Obrero Regional) junto con sindicalistas y otros no anarquistas. Más tarde los socialistas se marginan dejando al movimiento gremial en manos de las otras dos tendencias, cada una de las cuales estaba más libre de elegir sus propias doctrinas y métodos. Hubo muchos intentos de reunificación, pero duraron poco tiempo. También existieron organizaciones independientes de las tendencias mayoritarias, como estibadores, empleados dependientes de comercio, ferroviarios, etc. También formaron parte de la organización obrera, ciertos grupos y sociedades no gremiales, como grupos de estudios sociales (muchos de ellos anarquistas), sociedades de socorros mutuos, etc.
Entre los métodos de lucha 84, sobresalen las huelgas, aunque muchas veces fracasaban. Boicot contra fábricas o productos, el sabotaje y las formas de ayuda a otros trabajadores en conflicto. La prensa obrera fue muy importante 90. ‘La Protesta’ fue el diario anarquista más importante de América del Sur
Los grupos anarquistas fundaron escuelas libres para una educación independiente del Estado y la religión, celebrando conferencias y concursos literarios. Se destacaron dramaturgos y escritores, como Florencio Sánchez, Alberto Ghiraldo, Rafael Barrett, Pedro B. Palacios (Almafuerte). Los grupos anarquistas, al igual que los socialistas, trataron de conseguir la participación femenina. Se formó la Unión Gremial Femenina, así como gremios de planchadoras y otros.
Se exhiben números referidos al movimiento gremial 92.
Apoyándose en fuetes originales, el resto del libro presenta gran cantidad de documentos y registros de la actividad de las organizaciones de trabajadores en el período, programas de acción, declaraciones y manifiestos públicos, estatutos, reglamentos de trabajo, boletines, editoriales periodísticos, presentaciones al Congreso Nacional, cartas de inmigrantes, convenios, publicaciones de la época, etc. Cada capítulo está precedido de un texto que contextualiza.

En la sección B (Situación y defensa obrera) 185 abundan datos de las condiciones de trabajo, conflictos entre inmigrantes y nativos, reglamentos de trabajo (que a veces se extendía a la vida privada del obrero, por ejemplo prohibiendo el casamiento), medidas de acción y defensa obrera, trabajo en el campo.
En la sección C (Organización obrera) 247 se presentan documentos del socialismo, las grandes federaciones (FOA, FORA, etc.) los intentos de fusión y las divisiones internas. El anarquismo ocupa un lugar importante, no como partido político pero sí como idea presente en diversas líneas.
En sección D (Huelga y arbitrajes) 327 continúan los documentos.
En la sección E (Varios) 395 se incluyen documentos que merecen comentario especial, aunque podrían haberse incluido en otras secciones. Retoma diversos aspectos del socialismo, incidentes como la Revolución Radical, aspectos del anarquismo, la masonería, la situación de las comunidades extranjeras y sus estrategias de asimilación, las actividades internacionales.
En la sección F 447 (Huelga de inquilinos) se trata la protesta de los habitantes de conventillos en 1907, con episodios importantes en Rosario.
Sección G (Movimiento Social Católico) 497 se estudia la reacción contra el liberalismo de Roca, bajo el liderazgo de Estrada, Goyena y otros. La aparición de la encíclica Rerum Novarum (1891) con su llamamiento a los católicos a ocuparse de los problemas sociales tuvo gran repercusión en Argentina. La encíclica Graves de Comuni (1900) se refiere a la Democracia Cristiana y advierte contra el socialismo. Se crearon Círculos Católicos de Obreros con funciones de obra social, ayuda mutua, educación, legislación laboral e ideológicas – propaganda católica y de protección ‘contra la filosofía liberal de otras agrupaciones obreras’ –. Se combatía la influencia de anarquistas y socialistas. Las agencias de colocaciones favorecían el contacto entre patrones y obreros católicos, mediando y suavizando los conflictos. Ocasionalmente se puntualizaban ‘errores’ del gobierno como la Ley de Residencia. Se crearon organizaciones de corta vida con orientación demócrata cristiana y el Círculo Universitario Antisocialista.505 Hubo varios periódicos de esa orientación 508.
Educación: En los círculos se daba instrucción primaria a niños y enseñanza profesional a obreros; celebraban fiestas escolares, conferencias y reuniones familiares. Algunos recibieron subvenciones del Estado 500, 511.

Sección II: Legislación y Medidas oficiales y patronales 551
En esta sección, luego de resumir las posiciones de socialistas y católicos y leyes como la del Descanso Dominical, Defensa Social (orden público) y Ley de Residencia, estado de sitio. No prosperan la ley de accidentes de trabajo pedida por socialistas. Los conflictos en los ferrocarriles merecen un tratamiento mayor. Entre las medidas municipales contra la carestía se recuerdan las ferias francas y los barrios obreros.

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19/02/2007 GMT 9

Sindicalismo, Cultura y Educación (Barrancos)

anarquismo @ 07:13

BARRANCOS, Dora (1989-1990): "Cultura y educación en el temprano sindicalismo revolucionario", Anuario de la Escuela de Historia nº 14, Rosario, U.N.R., 1989-1990. (pp 183-205)
(Resumen, parte primera)

El sindicalismo revolucionario (SR) o sindicalismo de acción directa tiene su asiento doctrinario inicial en el socialismo, caracterizado por la puja entre el ala reformista y el ala radicalizada. La influencia del anarquismo fue poco estudiado pero la autora puntualiza muchos puntos de contacto. El aporte de las dos principales doctrinas del proletariado le da una cierta resonancia ‘romántica revolucionaria’ que en algún momento influyó sobre el mito de la catástrofe.
El SR abreva en Nietzsche – aunque éste alcanzó a núcleos restringidos de ideólogos - y en las Bolsas de trabajo de Francia.
El SR de la primera hora defendía:
 La originalidad de la doctrina reside en que hace del sindicato obrero el centro gravitante de la educación y cultura de los trabajadores. Es donde se genera conciencia de clase. Es la única institución en donde los trabajadores pueden resolver la educación clasista, impidiendo la contaminación de quienes buscan legitimar el sistema. El sindicato resulta una pedagogía; la práctica sindical se debe imponer sobre las otras creaciones culturales. Es la escuela social por antonomasia .
 El gremio es el único instrumento estratégico para construir una alternativa de ‘vida obrera’ opuesta a las tendencias integradoras del régimen capitalista.
 Acción directa: huelga, boicot y sabotaje (=anarquismo)
 Las conquistas parciales son apenas estadios en el camino de la revolución social que protagonizarán las fuerzas del trabajo.
 Rechaza parlamentarismo, partidismo político y doctrinario en la vida sindical (CF= anarquismo)
 Rechaza a los intelectuales, profesionales de la ideología o la política, así como cualquier intermediario en la lucha del proletariado (los socialistas se atribuían la representación de clase)
 Aceptan la idea de clase social (CF=marxistas)

La ‘nueva escuela’ se fusiona a veces con el sindicalismo ácrata. También adhieren grupos originariamente anarquistas asentados en los gremios. Prueba de ello la incorporación de ‘organizadores’ como Sebastián Marotta . La personalidad más conocida del anarquismo, quien manifestó simpatías por la nueva expresión fue Alberto Ghiraldo.
Es así que algunos trazos ideológicos de la corriente tienen raíces en formulaciones libertarias, aunque el SR se separaría tanto del anarquismo como del socialismo.
Desde una perspectiva mas estructural la emergencia del SR puede explicarse como una respuesta de las corporaciones de oficios que atrajeron hacia sí a las organizaciones sindicales de las nuevas ramas industriales (compuestas por trabajadores menos calificados) y a las asociaciones de empleados del estado en expansión. Se trataba de resistir frente a la amenaza de su desaparición por los cambios sociales, laborales y económicos.
El SR consistió en una práctica antes que un modelo teórico: su escenario primigenio fueron las Bolsas de trabajo francesas. Para los militantes y para los posteriores teóricos de la ‘nueva escuela’ los socialistas habían pasado del campo de la revolución por la participación como expresara Labriola.
La oposición a las tendencias reformistas e integradoras del socialismo se apoyó en los fuertes sentimientos antiestatistas y contrainstitucionales del anarquismo. Pero con el marxismo acepta la lucha de clases. Como ésta debía ser encarada desde el sindicato, el SR se revela como una convergencia entre las dos tradiciones doctrinarias del proletariado.186
En algunos países, como en España, el sindicalismo fue acogido por el anarquismo, emergiendo el anarco-sindicalismo.

Congreso de Amiens de 1906. (pág. 186)
Marca la ‘evolución alta’ del SR. Allí, las federaciones francesas de trabajadores eliminan las banderas sectoriales, políticas, doctrinarias y ‘de sectas’ consagrando definitivamente la estrategia de la antipoliticidad del movimiento obrero. De allí en más sólo habría sindicalismo, esto es práctica reivindicativa para educar la conciencia de clase y derrocar el dominio capitalista.
Se afirma que es una continuidad o bien un renacimiento libertario después de ser aplastada la Comuna de París – entre los comuneros había una elevada proporción de anarquistas. Por lo menos el espíritu proudhoniano mantuvo un lugar significativo. No cabe dudas que se trató de una reacción contra las formulaciones socialistas del período, aún contra las más radicalizadas, rechazando la integración parlamentaria y las instituciones del Estado como la educación.
La originalidad es la organización sindical como motor de la radicalidad social, excluyendo cualquier otra alternativa institucional.
Se trata de una afirmación de la dignidad de los productores, basada en la cultura del trabajo, en la conciencia de clase, en la entrega, coraje y moral sin concesiones que daría un nuevo orden social sobre las cenizas de la sociedad burguesa.
La confianza en los líderes – minorías esclarecidas – un atenuador trabajo militante, la cárcel y la pérdida de empleo tienen su contraparte en el reconocimiento de sus pares y en pactos democráticos donde participan los agremiados.
Las ideas SR impactaron a un grupo de socialistas. Gabriela Laperrière de Coni fue una de las primeras propagadoras de la ‘nueva escuela’.
Pero los socialistas que defendían al sindicalismo (Laperrière y otros) fueron separados del partido en 1906 por sugerencia de Nicolás Repetto.
Por otra parte, la corriente (sindicalista) fue importante en el seno del anarquismo. Aquí tomaba forma la reacción al sectarismo.
En el terreno práctico reivindicativo de la organización obrera se encuentran quienes querían dar crédito exclusivo a la vida sindical, la reacción al dogmatismo, grupos que vuelven del exilio convertidos al sindicalismo. Ocupan este intersticio pragmático que parecía hallarse a mitad de camino entre las dos grandes orientaciones, que a su juicio expresaba la mejor vía para las grandes tareas del proletariado. Entre esas tareas: asegurar la conducción, la autodirección, desautorizando los intermediarios, desconociendo cualquier paternalismo teórico e intelectual sobre sus acciones. Es así que el intelectual es una figura amenazante para el SR.

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14/02/2007 GMT 9

Falcón: Origen de partidos políticos y movimiento obrero

anarquismo @ 07:05

FALCÓN, Ricardo (2005): Los trabajadores y la política. En: La Barcelona argentina: migrantes, obreros y militantes en Rosario 1870-1942, Rosario: Laborde editor, Capítulo iii: 139-165  (Resumen de parte del capítulo y notas: JCP)  Los trabajadores y el régimen oligárquico 139Los procesos de asimilación urbana de los migrantes y el de formación de la clase obrera en Rosario ocurrieron durante el régimen oligárquico. En 1890, la revolución del Parque y la conmemoración del 1º de Mayo significan un quiebre en la continuidad del proyecto del 80. Desde la política van surgiendo figuras y partidos como: Leandro N. Alem (Unión Cívica Radical), Lisandro de la Torre (Liga del Sur y luego PDP), Juan B. Justo (PS) y Alberto Ghiraldo (anarquista).  El acto del 1º de mayo puede considerarse, simbólicamente, el acta fundacional del movimiento obrero argentino, sobre todo por la presencia conjunta de socialistas y anarquistas. El movimiento y las tendencias que lo integraban eran paralelas al movimiento democrático nacido de la revolución del Parque. Citando largamente a Botana[1] Falcón afirma que: El radicalismo se organiza en base a convenciones territoriales, al estilo del Partido Demócrata norteamericano, de ‘abajo hacia arriba’. Tenía un fuerte contenido regeneracionista,[i] enfatizando no tanto en un programa detallado sino en la reparación ética de la política que se diferenciaba del de los conservadores por ser ‘desde abajo’ e impulsado por un liderazgo popular. Recurría al instrumento revolucionario en el terreno de los medios. El regeneracionismo yrigoyenista proponía la acción compartida del partido y las Fuerzas Armadas para remediar un estado de cosas corrupto e insostenible.El radicalismo enfrenta a otra corriente regeneracionista surgida de los conservadores, como Indalecio Gómez que intentaba modificar el escenario político desde arriba. El socialismo tenía una plataforma más minuciosa y detallada. Se inclinaba, aunque críticamente, ante la legalidad vigente. Distinguía los fines mediatos (socialización) de los medios de acción y de las políticas concretas que defenderían en el congreso. Se presentaba como un partido de ideas. Juan B. Justo es considerado reformista, que a su vez confrontaba con el reformismo conservador de Joaquín V. González, con medidas que apuntaban a la participación restringida de las minorías. La Liga del Sur combinaba elementos de regeneracionismo político, heredados del pasado radical de Lisandro de la Torre con otros programáticos que lo acercaban y al mismo tiempo lo enfrentaban con el socialismo. Las características del régimen político incidieron en la asimilación de los inmigrantes (pág. 142). La ausencia de un proyecto democrático liberal capaz de integrar políticamente a los extranjeros es una de las diferencias importantes con EEUU, que por otra parte presentaba un proceso similar al argentino en muchos aspectos. Allá existían partidos políticos que reclutaban a los extranjeros mientras que aquí se truncó la posibilidad de otorgarles derechos políticos automáticos por las inseguridades de la élite gobernante.Otra cuestión importante fue que el Estado abandona su rol prescindente y reprime cuando se ‘altera el orden público’ o se afectaba a la exportación. A partir de la huelga de la Refinería de Azúcar de 1901 en Rosario y de la 1º huelga nacional de 1902 (que marca la irrupción plena del movimiento obrero en la política) la represión se hizo sistemática, considerando la cuestión obrera como policial. Aún así se empiezan a introducir tibias reformas en la legislación laboral. Estas iniciativas expresaban una progresiva instalación del Estado Benefactor (EB) del período oligárquico de inspiración bismarckiana (cita a Isuani). El radicalismo en 1916 inaugura un EB ‘ampliado’. 144 El anarquismo rosarino 147-Falcón diferencia entre anarquismo y anarquistas. El ‘anarquismo’ debe ser considerado un todo homogéneo: es la dimensión de los niveles teóricos y estratégicos más generales. Pero en las disquisiciones teóricas particulares, estrategias precisas y sobre todo las tácticas, en los anarquistas existieron dos tendencias, diferenciadas sobre todo en las tácticas: la corriente antiorganizadora o individualista y la organizadora, relacionadas en forma fluctuante entre las coincidencias o el enfrentamiento. Como anarquismo el fundamento está en una praxis que tiene como contenido esencial la libertad, la cual para tener plenitud debe suprimir su distribución desigual que le impone la opresión, que se expresa en los distintos niveles de autoridad, concentrándose en el Estado. Consecuencia de la opresión es la explotación. El Estado debe ser abolido mediante una violencia revolucionaria que culmina en un momento insurreccional. La estrategia insurreccional puede contemplar en sociedades como Argentina la huelga general revolucionaria.La revolución terminará con aquellos males e instaurará una federación fraternal de comunas autónomas de productores libres.El sujeto histórico es para el anarquismo el pueblo de los oprimidos, consecuencia de la opresión de los menores por los adultos, las mujeres por los varones, la clase explotada por los explotadores, de indios y negros por los blancos, de la sociedad civil por la sociedad política y el Estado. Individualistas o antiorganizadores 148  (comunistas anárquicos)[ii] 

Periódico en Buenos Aires: ‘El Perseguido’

Periódico rosarino: ‘La Libre Iniciativa’ (LI) (o ‘Periódico Comunista Anárquico’). La LI es el periódico de esta tendencia en Rosario, aparece entre 1895 y 1896, afín a ‘El Perseguido’ de Buenos Aires.Tiene carácter fuertemente faccional, contra los anarquistas organizadores, como el anarquista de Luján John Creaghe, a los que llaman despectivamente moralistas u orgamaníacos (como Enrico Malatesta era calificado en Bs. As.). Defienden la abolición de toda autoridad, de la propiedad individual, proclamando la propiedad común de todas las riquezas naturales o producidas por el ser humano. Su método: la propaganda por los hechos.[iii]Principio 149 ‘de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad’ [iv]Rechazan cualquier forma de organización que no fuera por libre afinidad: la organización permanente creaba la autoridad y la burocracia.Los comunistas anárquicos se organizaban en grupos completamente libres 150, principio que los hacía efímeros y sus periódicos muchas veces no superaban el número único.Existía un fuerte individualismo. La armonía en las relaciones sociales dependía de la libertad individual y del bienestar del individuo, sin autoridades ni gobierno de ninguna clase. Esto requería de una revolución y de una fuerza que se opusiera a la fuerza de la burguesía y del Estado. Cortar cabezas o fusilar eran métodos que había usado la burguesía; ahora se usarían en su contra. Rechazando toda organización, la participación en la preparación de la revolución debía ser individual. Es vital en la estrategia insurreccional anarquista el asalto a los centros de distribución del consumo 152. No obstante el punto central era la propaganda por los hechos: terrorismo, magnicidios, el sacrificio individual, convirtiendo en mártires a sus ejecutores.Ataque a los socialistas y a todos los ‘politicantes’ 152 ¿Cómo pasar de las acciones individuales aisladas, al accionar de masas que presuponía la insurrección revolucionaria?. Los anarquistas individualistas, para Falcón, lo daban por sentado en el concepto de espontaneidad, que aparecía como la suma inorgánica, no planificada, de las voluntades individuales que al congregarse alrededor de un punto convocante, constituirían la fuerza del proletariado[v]. Concientización pag 153La apología del sacrificio individual conlleva una cuota importante de elitismo tutelar, el cual tiñe de un fuerte pedagogismo la propaganda anarquista, incluida la de los hechos. Se trataba de contribuir a hacer conciente lo inconciente, cuyo único soporte era lo instintivo. Adquirida la conciencia, la tarea era luchar para iluminar a la humanidad entera y para que el pueblo comprenda. Sociedades obreras pag 154Otro elemento de disidencia significativa con los anarquistas organizadores y los socialistas era el de las sociedades de resistencia, para combatir al capital por las ‘inútiles vías legales’. Nada se había logrado por ese camino. Sólo se aceptaba la libre afinidad, que garantizaba la armonía para trabajar en colectividades. Además, los obreros sólo debían emplear la violencia como medio de lucha para llegar a un necesario cataclismo regenerador. Nada de peticiones degradantes de jornadas de ocho horas, de aumentos, sino la revolución social. Religión pag 155Crítica antirreligiosa y sobre todo anticlerical. Atentados pag 155En Argentina los atentados de los anarco-individualistas fueron sólo episódicos, aunque algunos alcanzaron gran repercusión: “En Rosario el primero fue durante la huelga general virtual de 1896; los anarquistas hicieron estallar un explosivo en la panadería La Plata. En diciembre de 1904 se produjo un atentado contra un tren que se dirigía a Tucumán y en ese y años sucesivos de la primera década del siglo XX hubo varios contra panaderías, a raíz de conflictos gremiales del rubro. Lógicamente, excepciones eran los actos violentos que se realizaban durante las huelgas generales con el fin de intimidar a los rompehuelgas o intensificar el clima de agitación[vi]. (Falcón, pág. 155-156)   Los anarquistas organizadores pag 156

Los anarquistas organizadores tampoco tenían homogeneidad. Diversos periódicos, aunque no simultáneos, mostraban discrepancias.

 Periódico en Buenos Aires: Periódicos rosarinos: ‘La Nueva Humanidad’ (LNH)(subtitulado ‘Periódico sociológico’) (1899), ‘Solidaridad’ o ‘Periódico Obrero’ (sindicalismo anarquista) (1902-1903), ‘La Rebelión’ (1913) (corriente neoindividualista[vii].  La Nueva Humanidad (Periódico sociológico) tiene en común con los individualistas la idea de concientizar. Pero los debates no debían restringirse a círculos de intelectuales o militantes avezados, sino que debía dirigirse al gran público, en un tono accesible a los inconcientes, con una función eminentemente pedagógica: ‘convencer a los que no están convencidos, de enseñar a los que no saben o saben menos que nosotros’ ‘Nuestro periódico será, pues, para la sociología libertaria, lo que los tratados elementales o los libros de vulgarización son para los tratados técnicos de los diferentes ramos del saber humano.’ 157En los órganos de prensa anarquistas y masónicos[viii] de la primera década del siglo XX hay una firma que se reitera, de ‘E.S. Sincero’. El autor esboza su concepción del poder revolucionario a propósito de la Comuna de París. En el discurso de los anarquistas de la Nueva Humanidad hay evidencias de un vocabulario influido por el higienismo social del médico Emilio Arana, que pensaba que una ciudad sana sólo era posible en la anarquía y abogaba por la extirpación de los males …. 158 También el periódico muestra influencias positivistas y cientificistas, sea en su variante de biologismo social o de juridicismo criminalístico. La violencia era inevitable… deberá correr mucha sangre para que triunfe la revolución social 159El periódico está centrado sobre todo en los principios sociológicos del anarquismo. Atacaba a los recientes círculos de obreros católicos. Periódico “Solidaridad” (Periódico obrero) con éste nos encontramos en el corazón del anarquismo organizador, que reivindicaba la lucha sindical. Ya se hablaba de clase obrera, no solamente de proletarios u obreros. Propone los gremios de oficio, para buscar mejorar su situación. Era un camino económico basado en las huelgas. Pero no hablaba de lucha de clases sino de lucha entre opresores y oprimidos.Periódico ‘La Rebelión’ (corriente neoindividualista).(Falcón 164) Publica un ideario anarquista basado en la refutación de las religiones, el trabajo creador, gobierno, política, leyes e idea de patria.Ninguno de los tres periódicos organizadores se refería a la ‘propaganda por los hechos’ como sí lo hacía la Libre Iniciativa, aunque colocaba a los terroristas en papel de víctimas y responsabilizaba a la represión de las ideas como causa de los atentados.Sin negar que su discurso apelara esencialmente a los trabajadores, el mensaje pretendía ser universal y no clasista. Coincide con Suriano en ’su interesante división que hace entre doctrinarios puros e intelectuales heterodoxos” (Suriano pág. 76)La acción directa (AD) era un principio fundamental común a ambas corrientes (aunque no lo fuera la propaganda por los hechos). Se opone a la acción indirecta o política (Alejandra Montserrat) (Falcón, pág 164)La acción directa era ejercida por el pueblo, sin representaciones, por vía extra-política. La AD tenía, como medios de expresión, los atentados individuales, el sabotaje, las huelgas, las acciones callejeras masivas, la propaganda mano en mano de hojas volantes, etc. [ix]Derivados del concepto de acción directa son los que Falcón denomina antipoliticismo y antiestatismo, comunes a las dos corrientes del anarquismo. El rechazo a la acción política más que ser apolítico es contra la política, para facilitar el pleno imperio de la acción directa. El segundo rechaza cualquier relación con el Estado que no sea la confrontación. Antipoliticismo y antiestatismo fueron compartidos por anarquistas y sindicalistas revolucionarios. Sin embargo los SR, menteniendo su antipoliticismo luego flexibilizaron el antiestatismo, hasta llegar a colaboraciones desembozadas con el Estado. Presupuestos teóricos de la propaganda anarquista:Previamente a la ejecución de cualquier acción destinada a socavar las bases del poder o de las estructuras sociales, era necesaria una toma de conciencia, un proceso de transformación de las ideas, en síntesis, una revolución cultural  que trastocara la personalidad y los sentimientos de los hombres en su conjunto y, al mismo tiempo, allanara el camino hacia la revolución social.



[1] BOTANA, N “El arco republicano del Primer Centenario: regeneracionistas y reformistas …”



[i] Regeneracionismo. Movimiento intelectual (S. XIX y XX) que medita objetiva y científicamente sobre las causas de la decadencia de España como nación  (Ver glosario).
[ii] Puede resultar confuso que Falcón identifique a los individualistas como ‘comunistas anárquicos’. De esta manera no le está haciendo lugar a los individualistas liberales, a los llamados spencerianos (Nota JCP).
[iii] La propaganda por los hechos (frecuentemente usado en singular) era un método exclusivo de los antiorganizadores, no usada por los organizadores, quienes sí aceptaban la ‘acción directa’ (ver más abajo). Pero no se explican claramente las diferencias. Implícitamente queda la idea de que la propaganda por el hecho era violenta, pero algunos de los métodos de la acción directa también lo eran.
[iv] Estos principios cambian por una preposición según los autores y al no estar bien la puntuación y las comillas en el texto original, resultan confusos. Aquí se ha corregido este problema según mi criterio (JCP).
[v] ¿No debe verse una similitud con las teorías liberales del mercado, que luego serían sintetizadas por Popper, en el sentido de que la búsqueda individual termina provocando un efecto sobre el conjunto? (JCP)
[vi] En los movimientos de protesta callejeros de la actualidad parecería que se han adoptado algunos de los procedimientos intimidatorios de los anarquistas de aquella época: bombas de estruendo, manifestaciones ruidosas, etc., si bien se hacen con la intención de peticionar mejoras en las condiciones de trabajo, ajenas a las tácticas anarco-individualistas. (JCP)
[vii] Falcón está nombrando periódicos de tres diferentes tendencias dentro de los organizadores. Queda implícito que el primero (LNH) era el más representativo del grupo y a él le dedica mucho espacio. (JCP)
[viii] Existen artículos que dan cuenta de esta relación entre anarquistas y masonería, señalándose que el mismo Bakunin tenía un alto rango en la logia; en España se dice de Ferrer i Guardia y de Anselmo Lorenzo, entre otros. (JCP). Se citan también diferencias importantes, como la estructura jerárquica, la posición frente a la educación pública, etc. Ver http://www.cnt.es/fal/Bicel14/20.htm y http://rayuela.uc3m.es/~nogales/MAS/MAStext08.html 

[ix] Acción Directa. Algunos de estos medios de expresión no se diferencian de la ‘propaganda por los hechos’, como ya se dijo. En Francia existió un grupo armado Action directe que practicó la guerrilla urbana y realizó una serie de atentados y asesinatos durante los años 80’. Según wikipedia el concepto de acción directa es más amplio, mientras la ‘propaganda por el hecho’ es sólo una de las formas que aquélla puede adoptar. 

09/02/2007 GMT 9

Suriano introducción (2)

anarquismo @ 02:58

SURIANO, Juan (2004): Introducción, en: Anarquistas. Cultura y política libertaria en Buenos Aires 1890-1910, Bs.As.: Manantial, pp 15-32 (resumen J.C. Paradiso para uso de la cátedra) Parte 2: pp 22-26

Como ha ocurrido con cualquiera de las versiones canónicas de la historia argentina desde Mitre en adelante, es notable la perdurabilidad de algunos supuestos básicos presentes en los militantes, que siguieron formando parte del ‘sentido común historiográfico’ sin la corroboración empírica adecuada. Una aseveración, proveniente genéricamente del marxismo adjudica al anarquismo un escaso bagaje teórico como un carácter arcaico e irreflexivo que, consecuentemente, le otorgaría preeminencia en aquellas sociedades más atrasadas económicamente, mientras que los socialistas habrían influido en la sociedades industrializadas.23 José Ingenieros suscribía esto. En esta línea, Lallemant creía que los italianos y españoles podían ser captados más fácilmente por el anarquismo mientras los alemanes por el socialismo.
El mismo Hobsbawm arrastra los problemas de la interpretación marxista, basados en las críticas de Marx y Engels a Proudhon y Bakunin, negando sus aportes teóricos. Sin embargo, reconoce haber puntualizado su carácter autoritario y centralista de la dictadura del proletariado. La característica dominante del anarquismo habría sido una fuerte carga emotiva, casi irracional y no intelectual. Rasgos todos que exaltaron el idealismo, el heroísmo, el espíritu de sacrificio y la entrega a la subversión de los valores capitalistas.
Así se construyó una versión canónica: mientras el anarquismo influenciaba a los sectores más atrasados (artesanos y campesinos) el marxismo lo hacía con los más avanzados (clase obrera industrial).24
En el caso de Bs As, los socialistas y anarquistas combatían por los mismos espacios laborales contestatarios.
Se ha pretendido establecer cierta continuidad entre las ‘montoneras’ (criollos oprimidos) y el anarquismo o ligar éste con las tendencias insurreccionalistas de la clase obrera o justificar así la ‘justicia revolucionaria’.25
Edgardo Bilsky en su reconstrucción de los congresos de la FORA, considera que en el 5º congreso se habría completado la compenetración del movimiento anarquista y el obrero. Pero, si bien había confluencias. para Suriano es un error plantear la absorción del anarquismo por el movimiento obrero. El discurso del anarquismo interpelaba a los trabajadores, pero era emitido no por éstos sino por una vanguardia que apuntaba a guiarlos y transformarlos.
Dentro del marco de multiplicidad de tendencias inherente al movimiento anarquista, se constituyó un polo de poder en torno a periódicos como LA PROTESTA, en círculos culturales y en algunos gremios obreros.
”Este sector, que he denominado ‘doctrinario puro’ a los efectos de diferenciarlo de las posturas sindicalistas o anarcosindicalistas, oriento su política hacia la concientización popular (no clasista) a través de la educación o instrucción de los trabajadores en torno a los principios del anarquismo”.26

Observar que en este párrafo Suriano identifica a ‘La Protesta’ con los doctrinarios puros. En el siguiente capítulo (pág 35) parece decir que el diario fortalece a los organizadores
 (continúa en parte 3)

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06/02/2007 GMT 9

Suriano: Anarquistas (Introducc 15-22)

anarquismo @ 22:41

SURIANO, Juan (2004): Introducción, en: Anarquistas. Cultura y política libertaria en Buenos Aires 1890-1910, Bs.As.: Manantial, pp 15-32 (selección y resumen J.C. Paradiso para uso en investigación de la cátedra). (1º parte: pp 15-22)

Nota: Este material es sólo un fragmento del contenido del capítulo. No pretende reemplazar al libro, que constituye una excelente referencia para el estudio del anarquismo. Salvo cuando el texto está encomillado el mismo ha sido parafraseado por necesidades de la síntesis.
Los números entre paréntesis corresponden a las páginas del libro original de donde se extrajo el material.

En 1902 el senador Miguel Cané sostenía en el Congreso:
“Las circunstancias son graves: … lo que pasa en este momento en la capital … lo que amenaza suceder en el resto de la República. Este movimiento de huelga, sin duda promovido por agitadores que explotan la buena fe de los gremios trabajadores, tiende a tomar proporciones tan graves …”
La preocupación se relacionaba con las huelgas de 1901 y 1902 y la respuesta gubernamental consistente en el estado de sitio y la Ley de Residencia que el mismo Cané había redactado.
Los anarquistas habían desempeñado un rol importante y a ellos se refería Cané. Habían adquirido importancia desde fines de siglo, dirigiendo la Federación Obrera Argentina (FOA) (FORA desde 1905). Crearon una significativa cantidad de centros y círculos culturales en donde se dictaban conferencias, se interpretaban obras teatrales y se realizaban fiestas; editaron una multitud de periódicos, folletos, libros, etc., impulsaron las escuelas libres y racionales y actuaron en la organización territorial de los habitantes de casas de inquilinato. En las instituciones vinculadas directamente al anarquismo (círculos, prensa, escuelas) se definían las tácticas y estrategias políticas y culturales del movimiento.
El anarquismo fue más importante en aquellas áreas más dinámicas de la economía, como las grandes ciudades del Litoral, dotando a los trabajadores de una red de instituciones gremiales, políticas y culturales. Fue un fenómeno urbano. En Rosario ejercieron ‘enorme influencia’.17
En 1910 empieza la decadencia inexorable. El atractivo que el anarquismo podía ejercer entre los trabajadores fue captado por los sectores reformistas de los grupos gobernantes y actuó a la manera de un primer disparador de la preocupación estatal por la cuestión laboral. El anarquismo así contribuyó involuntariamente a impulsar el reformismo.
La puja entre la incipiente clase obrera con los patrones y el Estado fue muchas veces violenta. El festejo del Centenario puede percibirse, entre otras lecturas, como una batalla simbólica culminante encarada por los grupos dominantes en contra de los sectores políticos más radicalizados.18
El cónsul italiano en Bs.As. sostenía que en esas circunstancias el Partido Socialista no atraía a los trabajadores y prevalecían los ‘instintos de violencia y rebelión’ alimentados por el anarquismo:
“El anarquismo, cuya característica relevante era la acción y no la reflexión, se convirtió en un integrante sustancial de la cultura del conflicto y ocupó precisamente aquellas zonas en donde se hallaban ausentes el Estado u otro tipo de instituciones”.18

El peso alcanzado por los libertarios puede comprenderse si se tiene en cuenta en desarraigo, la explotación y marginación de los trabajadores, quienes contaban sólo con su capacidad de trabajo. La necesidad de un espacio de contención se llenaba, por una parte a través de gremios –para las reinvidicaciones económicas– y por otra parte a través de círculos y centros – para el encuentro y sociabilidad, como espacio de pertenencia y participación donde se perfilaba la acción colectiva. “Allí y en los momentos de conflicto se producía el punto de encuentro entre anarquistas y trabajadores y el discurso de aquellos podía aparecer como creíble para éstos. La aceptación de su proyecto entre los trabajadores era otro problema, pues el anrquismo encontró grandes dificultades para incluirlos de manera orgánica en el entramado de una cultura alternativa debido, centralmente, a las dificultades halladas en la construcción de un sistema eficiente de intercambios cimbólicos con los trabajadores. El anarquismo pretendía educarlos y concientizarlos para arribar a una indefinida emancipación universal, pero se encontraron con miles de oberros dispuestos a seguirlos y a luchar por mejoras que orientaban sus deseos y esfuerzos al ascenso social y al bienestar económico más que a la emancipación”. 19
La policía estimaba el número de anarquistas, en 1902, en 6000 en todo el país. Dos años más tarde se estima que sólo en Capital Federal hay 4.000 activistas.20
Los anarquistas ganaban las calles con sus banderas rojas y estandartes. En 1905 se prohibió el uso de la bandera roja, interpretada como sínbolo de guera y disociación, como parte de la política de exclusión con que el Estado responde a la posición anarquista.
A su vez, al final del período que estudiamos, la formulación de una política integradora por el Estado, la ampliación política y la aparición de tendencias como el sindicalismo que parecía interpretar mejor las necesidades de los trabajadores, comenzará a marcar una ruptura de éstos con el anarquismo.
El anarquismo local presenta un carácter dual que incluye al individualismo como al colectivismo (o comunismo) presentes en Europa. El movimiento anarquista en realidad comprendía un cúmulo de tendencias en un caos doctrinal (individualismo, comunismo, colectivismo, vitalismo). El eje integrador era la negación de la autoridad encarnada por el Estado, lo mismo que ha sido señalado para España.21
En Europa los sectores más individualistas se inclinaron a posturas terroristas, en Argentina los atentados fueron escasos. Los individualistas fueron superados por los organizadores y colectivistas, aunque tuvieron su influencia en diversos frentes – aún el gremial.
Este ‘rostro bifronte’ de los anarquistas permitía, en su momento, ofrecer alternativas que cubrían necesidades individuales (como la inmigración y el ascenso social) y demandas colectivas vinculadas a la sociabilidad (círculos, centros, gremios). No sin conflictos, individualismo y colectivismo confluyeron en un discurso que impugnaba al capitalismo desde una crítica moralista ycuya característica central era la heterodoxia clasista. Interpelaban a los oprimidos (los pobres y desposeídos) sin distinción de clases.
La veta colectivista otorgó impulso a sociedades de resistencia y círculos, mientras que la individualista dio un carácter insurreccionalista y una urgencia revolucionaria basada casi exclusivmente en la agitación y movilización, de modo que la acción directa fue casi un medio y un fin a la vez. Para ello, los anarquistas argentinos utilizaron una retórica combativa, a veces agresiva, y un arsenal simbólico (fiestas, banderas) que pretendía reforzar la construcción de una prouesta alternativa en lo cultural, político e ideológico (círculos, escuelas, prensa) que impugnaba al Estado y al Parlamento.
Estas característica dotaron al anarquismo de un perfil de defensa de los derechos individuales de todos los oprimidos. Pero hacia 1910 comenzaron a producirse mutaciones en el Estado y en la sociedad que se transformaban rápidamente, mientras que el anarquismo mantenía su discurso inalterable, quedando preisioneros de su apego a la acción y el desinterés por las peculiaridades locales.22

 (continúa en parte 2)

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20/01/2007 GMT 9

Clastres: LIBERTAD

anarquismo @ 22:00

LIBERTAD DESVENTURA INNOMBRABLE

Pierre Clastres
(analizando el pensamiento de Etienne La Boete)

En: FERRER, Christian (compilador) (2005): El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo. La Plata: Terramar ediciones / Bs.As.: Libros de Anarres. Resumen: Gustavo Castellan.

Afirma que cuando el hombre pierde su libertad, está DESNATURALIZADO, pierde en su suma su “humanidad” : ¿Qué desventuras lo llevaron a esto?

La historia es testigo de ello…La Boete llama “desventura” a la acción del hombre que destruyó la primera sociedad, en el pleno disfrute de su “natural” libertad, que al “renunciar” a ella se vieron inmersos en una verdadera REGRESION y DEGRADACION.

El hombre “desnaturalizado” es un hombre innombrable, en donde la voluntad del mismo esta reemplazada por una verdadera servidumbre y se halla inserto en una sociedad de dominantes y dominados en donde no puede desarrollarse cabalmente en libertad.

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