Una visita al MOCASE
UNA VISITA AL Mocase: Comentarios previos
Por Mauro Paradiso
Intentaremos en este espacio, exponer una fundamentación del por qué nos interesa esto de la relación entre MOCASE y Educación anarquista o libertaria. El Mocase pero está dentro de los movimientos actuales que creemos presentan puntos de contacto interesantes con los postulados libertarios. No expondremos en este espacio las entrevistas, que fueron reflejadas en un espacio diferente y continuarán publicándose en nuestro blog.
Básicamente se trata de una organización de campesinos que lucha por la tenencia de la tierra. Pero esta gente ha trascendido la mera lucha por sus tierras ancestrales. A través de la organización llegaron a acuerdos y construyeron un saber que hace permanente alusión a un mundo que supera y subvierte el mundo de lo constituido. Estos campesinos, hablan de reforma agraria, de fraternidad, y de cambio social, como si la resignación y el derrotismo que siguieron a las décadas de avance del neoliberalismo a ellos no les hubiese afectado. Es una experiencia muy loca meterse en el monte santiagueño, recorrer sus caminos y recovecos, para llegar a sus solitarios ranchos de adobe y paja, donde termina el mundo, o tal vez donde comienza otro. Esa es la sensación que tuve en lo personal cuando fui a visitarlos. Allí terminaba el mundo. El monte, la naturaleza, la vida, aparecía en bruto, sin la codificación racional con que la modernidad capitalista erigió nuestro hábitat cotidiano. Los campesinos viven sin luz eléctrica aunque ahora algunos de ellos están trabajando proyectos de energía solar o eólica- viven sin agua potable, sin televisión. Digo VIVEN, pueden hacerlo, y con la misma o tal vez con mayor intensidad que nosotros. Respiran otro aire, y habitan otro ambiente. Construyen otros vínculos. Básicamente lo que creo que se me hacía más palpable era la idea de estar frente a lo otro. Esa entidad tan esquiva y que tantos esfuerzos hace nuestra cultura para conjurar, encasillar, o excluir de su centro. La sensación que me dejó es que no necesitan de nuestro mundo para ser libres. En realidad el contacto con nuestro mundo siempre les generó conflicto. Pero creo que a su vez lo que los hace SER es ese contacto. Sus montes han sido objeto de la depredación salvaje de La Forestal, han sufrido la expansión de la frontera agropecuaria, con lo cual los movimientos que se producen en el centro de nuestra civilización tienen repercusiones en aquel fin del mundo. Fin del mundo, repito, también como posibilidad y oportunidad para la creación de otro mundo. Esa oportunidad reposa en la marginalidad a la que estuvieron por tanto tiempo condenados los campesinos del monte santiagueño. Porque esa marginalidad los coloca en una situación de exclusión, en la que por un lado se padece pero también se tiene. Se padece la falta de agua, la falta de electricidad, y se tiene a su vez el recurso de la pureza. Me refiero a la pureza de no estar metidos en el universo del consumo y circulación de la mercancía. Esta exclusión genera una predisposición de las conciencias y del sujeto hacia otras posibilidades de acción, interacción, y práctica, en la que el valor de lo humano toma una relevancia mayor. Solidaridad, respeto mutuo, fraternidad, igualdad, son las palabras que se me ocurren es este momento para describir algunos vínculos que se entretejen en aquellos parajes. Vínculos que no surgieron de un día para el otro, sino que estuvieron mediados por años de militancia y educación popular, de diálogos horizontales y construcciones colectivas, donde la política retoma su función emancipatoria. Es aquí donde surge la relación con el anarquismo, o más bien con los principios libertarios. Estamos hablando de una organización social y política en la que los principios emancipatorios de la modernidad están a la orden del día. La libertad de conciencia, del sujeto, la autogestión, la democracia directa a través de practicas asamblearias, son elementos que están muy presentes en la construcción política del Mocase. Tal vez el analista cuando se acerca a la organización corra siempre el riesgo de caer en idealizaciones. Diría más, este análisis que estoy haciendo es tal vez una idealización. Los defensores de la realpolitic podrían objetarme cada afirmación contenida en estas breves líneas. Y no sé si estoy en condiciones de realizar una defensa. Lo único que puedo alegar en favor de mis idealizaciones es que creo que el propio Mocase en sí mismo el fruto de una idealización. Sus militantes hablan de la construcción de otro mundo, de la lucha contra el capitalismo, de reforma agraria, todas ideas que hoy a la academia le resultan irrisorias, anticuadas, obsoletas, o delirantes. Es por eso que tal vez el Mocase es poco entendible desde los parámetros de la academia. Por ejemplo, desde el terreno del análisis de las políticas públicas podría decirse que se trata de un actor irrelevante, incapaz de marcar agenda, y que por lo tanto ni vale la pena ser estudiado.Por el contrario, personalmente creo que la riqueza del Mocase y lo que justifica una aproximación analítica hacia él, es su carácter de marginal. Porque es en esa práctica, “vetusta y delirante” para algunos, en donde podemos nutrirnos de la diferencia, y de la potencia propia que tiene el contacto con lo otro en la medida en que aporta vitalidad a la construcción de una individualidad auténtica. Creo que aquí nos entramos en las razones, en el motivo de mi acercamiento al Mocase. Me parece que la elección es un hecho político en si mismo, y el conocimiento de esta experiencia, nos modifica como analistas. Aquí reside el valor de conocer. No se trata de memorizar datos, o retener información anecdótica, se trata de meterse en los contenidos que uno analiza y dejarse trasformar por ellos. El Mocase trasforma a los que intentan estudiarlo. Es difícil salir ileso después de estar 9 días conviviendo con esos campesinos. Es difícil volver a la ciudad, a las academias, y seguir escribiendo acerca de los índices de inflación, y del resultado de las últimas elecciones. De hecho, creo que la pasantía que ofrece la organización tiene esa función: la de llegar a las ciudades. Porque a través de las pasantías cientos de estudiantes, militantes o intelectuales se acercan a convivir unos días con los campesinos y conocen a la organización por dentro, para después llevar a sus ciudades o universidades el aprendizaje político y personal que extrajeron de esa experiencia.Con respecto a la relación entre Mocase y anarquismo, probablemente ninguno de los campesinos haya leído a Bakunin. Y probablemente en los talleres o charlas en las que la educación popular alimenta sus conciencias, ni se hable del anarquismo. Pero al hablar con cada campesino uno puede sentir en su voz y en su mirada la presencia que tiene en la organización, el lugar y su nivel de participación. La burocratización de los partidos políticos, el sistema vertical de toma de decisiones, está ausente en esta organización.Creo como dije recién, que estudiar al Mocase es una opción política y que es difícil salir ileso de esa aproximación. Aunque tal vez la propuesta no sea la de intentar extrapolar esta experiencia para trasladarla a nuestro modo de organizarnos. Porque la experiencia de la que estoy hablando es única e irreproducible, como toda experimentación política. Estamos inmersos en una ciudad, donde la velocidad, el vértigo, y la violencia relacional propia de las grandes urbes recorta y delimita ciertos parámetros por los que pueden circular nuestras propias experimentaciones. Las mismas, también son únicas e irrepetibles. Pero no por ello deben cerrarse en esa autenticidad. Me parece que el diálogo entre experiencias puede nutrirnos y contribuir a potenciar cada construcción política. Habrá que ver cuál es la construcción política que puede surgir del pensamiento. Habrá que ver cuál es el lugar del pensamiento y del tipo de investigaciones de quienes no adscribimos al pensamiento hegemónico de las academias. O tal vez sencillamente habrá que empezar a valorar cuánto de política hay en el propio pensamiento, si por él entendemos el ejercicio militante de elucubrar ideas que destraben los dispositivos de control social que desde el poder se despliegan cada día de manera quasi invisible anestesiando la vitalidad del sujeto. Detenernos en el Mocase tal vez nos permita también, como decía hace un rato, ver al otro. Ese otro que evidencia lo que nosotros no tenemos a no somos y que por lo tanto arroja luz sobre nuestras propias posibilidades y elecciones. Pues creo que no somos únicamente lo que pudimos ser hasta aquí, o lo que somos ahora, sino que nuestras posibilidades son múltiples. En la mediada en que nuestra imaginación y nuestro nivel de apertura hacia la diferencia se enriquezcan, nuestras posibilidades de SER van expandirse. Creo que ésta es la mejor manera de desnaturalizar los fenómenos urbanos de violencia y perversión que nos asedian cada día y que la prensa y los intelectuales del stablishment se encargan de elevar al grado de lo inmodificable.

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